viernes, 9 de febrero de 2018

Esa sensación

Reconozco esa sensación de calidez producto de cuando entrás a un lugar donde te conocen, te llaman por tu nombre, te estaban esperando.

Un lugar donde te extrañaron, donde se notó tu ausencia.

En un momento lo perdí y por mucho tiempo a todos los lugares en los que fui me tuve que presentar o fui tan irrelevante que ni siquiera eso.

Cebarme mate y hacer ronda conmigo misma por no tener con quien compartirlo, ni nadie que te pida uno.

Todos entramos en una rosca mucho más grande de lo que podemos ver, que nos rodea desde que entramos a la escuela de chiquitos.

Entramos en un carril que ya está hecho, con giros y cambios que están previstos. Aunque pensemos que estamos siendo únicos, el riel tiene la señalización hecha ya.

Por ejemplo al terminar el liceo y elegir una carrera. Al dejar una carrera y empezar otra. Parece que te descarrilás pero estás desviando el recorrido nada más.
Cuando dejás de estudiar para trabajar también, parece pero no te descarrilaste, el desvío siempre estuvo listo por si querés darlo.

Hay una forma de saber cómo es cuando realmente te descarrilaste y es cuando ves a los demás pasar desde sus rieles y notar que no pueden cruzar caminos contigo, porque estás por fuera.

A veces pueden pasar a saludarte, pero es por poco, el tiempo no se puede desperdiciar parado fuera de un carril.

Si te encarrilás otra vez, te das cuenta como todo vuelve a la normalidad y de repente los demás pueden viajar cerca y mantener contacto contigo.

Pero si no encontrás la manera rápido, todos siguen adelante sin vos y el sistema entero te escupe cada vez más lejos.

El sistema que no es etéreo ni invisible, el que son las acciones de las personas que siguen adelante sin fijarse en el que no pudo seguir.

Pasó mucho tiempo y no me di cuenta hasta que volví a conocer esa sensación.

Cuando sabían mi nombre al llegar.

Cuando me llamaban por mi nombre.

Cuando me esperaban.

Cuando yo sabía sus nombres.

Cuando existía ese espacio para mí, lo reconocí.

Esa sensación que no es de haberme vuelto a encarrilar sino de estar en el mismo lugar con otras personas.

Para mí la vida no es una carrera donde si paro a ver el otro pierdo tiempo y llego tarde, para mí estamos en lugares, nos acercamos, nos alejamos y pasa el tiempo ahí. El que inventamos para organizarnos y ponernos de acuerdo y no para vivir sobre el reloj.

Es importante más que nada por aquellas personas que por alguna razón tienen que parar y que no hay por qué desecharlas como un engranaje que no rueda más, porque eso no es vida, es maquinaria.

Ellos no son engranajes.

Esa sensación de que pronuncien tu nombre aunque no estés moviendo correas, piñones y qué sé yo.

Esa sensación.

La función está como mejor no vayas.
Porque sí.










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