sábado, 2 de septiembre de 2017

Deseos.

A veces miro fijo mis fotos, las miro por mucho rato y empiezo a repasar todo lo que hay en ellas.

Lo que recuerdo que había antes y qué pasó con eso después.

Miro mi pelo, lo comparo con el de ahora, me imagino qué pensaría esa Majo de cómo me veo ahora.

Miro mi sonrisa, recuerdo si es genuina, si fue porque pintó.

Pienso en quien la sacó, en su voz ese día, en lo que sé de esa persona hoy.

De la ropa recuerdo todo, su origen, si la tengo, si me quedaría si la tuviera. Si la usaría si la tuviera.

Me ubico todo lo posible en ese momento y casi siempre lloro. Lloro porque quiero o porque no quiero volver ahí.

Porque claramente las fotos encierran todo tipo de momentos.

Igual reconozco el trasfondo de cada momento, a donde caía todo cuando había calma.

Tengo la teoría de que la gente da mucho por sentado eso, tener un hogar que te espera en las calmas después de las caídas en los momentos malos.

Todos los días quiero volver a esos días en los que en mi casa había vida.

Aún consciente de todo lo que no había y de lo negativo que ahí vivía, aún así lo quiero.

Quiero tener eso de nuevo y sé que no puedo, pero ¿y qué?

Cuando la gente te pregunta lo que querés, nunca quiere escuchar la respuesta real.

Lo que queremos casi siempre no se puede, para mí es sano decirlo, llorarlo, después hacer lo que puedo, yo qué sé.

Pero me permito decir que quiero volver, que quiero revivir gente.

También, entre ellos, quiero revivirme a mí.

La función está como mejor no vayas.
Y desea.

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