lunes, 26 de junio de 2017

A uno de mis peores miedos.

No es necesario decirte hola,
convivimos hace mucho tiempo
sin separarnos ni un momento.

No quiero preguntarte nada
porque sé absolutamente todo,
te conozco mejor que a mí.

Me desafiás
¿Por qué te escribo entonces?

Algo quiero confesarte
no sé si a vos o a mí.

No pretendo eliminarte
y sé que no te irás.

Incluso si pudiera echarte
sé que regresarás.

Quiero decirte gracias
porque en todo este tiempo
me he refugiado tras tu negro
tras tu oscuro caparazón.

Pero ya no lo necesito
no decidirás por mí

Como sé que te quedás
te apronté un lugar aquí

Podrás convivir con mi miedo a salir a la calle
También con el de quedarme sola
Convivirás además con mi temor a morir.

A todos aquellos a quienes ya les escribí
que tras su dura coraza
he dejado de vivir.

La función está como mejor no vayas.
Caminando.

lunes, 5 de junio de 2017

Andá que yo te miro.

En Mercedes me siento muy segura caminando sola a cualquier hora.

A cualquier hora, igual a las 3 de la mañana. 

Salvo que vaya detrás de mí un hombre, hago maniobras rarísimas para perderlo y para comprobar que no me sigue.
Si lo compruebo, como ha pasado, entro en pánico y me apuro si estoy cerca de mi destino o me termino metiendo en cualquier lado.

En ciudades que no son la mía, si es de día me abstraigo pila con los auriculares, pero mismo principio, si somos solamente dos en la calle tengo que esquivarlo.

De noche en otras ciudades trato de distraerme con la música pero estoy bien alerta y sí, otra vez más, igual que antes hago maniobras y cosas para fijarme.

Independientemente de eso, en todos los lugares en los que estoy tengo estudiado por donde me puedo ir si alguien se me acerca demasiado insistente, en qué lugares me podrían acorralar y quedaría en un punto ciego para los demás, en qué partes me podría quedar encerrada y que no me oyeran.

Y esquivo, todo el tiempo esquivo.

No es que nací perseguida, es que después de muchas experiencias horrendas mi mente hace cálculos permanentes, porque cuando ya estoy en el horno me paralizo y ahí ya nada depende de mí.

Hace poco, escuchando una canción muy random una frase me sonó a algo que me pasaba cuando era chica, cuando mi madre, mi abuela o algún adulto de cuya casa me estaba yendo de noche me decía que me fuera tranquila porque se quedaba en la puerta y me iba mirando.

Andá que yo te miro.

Alguna que otra vez me daba vuelta cuando era mamá o mi abuela, como para saludar o decir algún chiste, pero la mayoría de las veces no, me largaba sin mirar atrás.

Y me iba tranquila mientras sabía que iba en su ángulo de visión, a veces lo iba llevando consciente pero las más de las veces arrastraba esa seguridad hasta donde llegaba.

Me estaban cuidando con la mirada.

Y yo que soy de analizar absolutamente todo, sé que en verdad no tiene mucho sentido práctico, ¿qué cosa concreta que me fuera a pasar podría evitarme que me miraran de lejos?

Y yo que soy de reanalizar absolutamente todo, me he dado cuenta con el tiempo de que sí, de que se evitaron muchas cosas, porque muchos tipos siempre aprovecharon cuando nadie estaba mirando.

Así que a veces, ahora, muy lejos de mamá y mucho más lejos de mi abuela que ya no está, me concentro cuando estoy nerviosa y pienso que me miran y que estoy segura.

También ahora, pensando me doy cuenta de lo importante que es que estemos mirando, todos a todos lados porque muchas cosas no podremos evitar mirando desde lejos, pero podemos amedrentar a varios oportunistas solo con mirar con atención.

La función está como mejor no vayas.
Atenta.