miércoles, 1 de febrero de 2017

Zoológicos de humanos.

Durante toda mi infancia y adolescencia fui muy pocas veces a comer en algún lugar fuera de casa tipo restorán, pizzería o lugares de ese tipo.
La mayoría fueron casi terminando la adolescencia (si determinamos su fin al terminar el liceo) con amigos.

Entre cada una de esas veces siempre pasó el tiempo suficiente como para que no me habituara y realmente siempre sentí que había una dinámica que no terminaba de entender.

No obviamente sentarse en una mesa a comer con gente sino la de pedir, pagar, qué hacer, qué no y blablá.

Muy probablemente esa sensación haya sido aumentada porque la gente que me acompañaba se manejaba mejor que yo por haber ido más veces pero eso es otro asunto.
Además de que en algún momento cuando estábamos mejor comprábamos algunas pizzas en mi casa pero normalmente las pedíamos y en casa la dinámica era la misma que para comer un guiso obviamente.

Después de que pasaron varios años y tuve la oportunidad no solo de ir más veces sino de hacerlo en más locales y ciudades diferentes entendí un poco ese conocimiento que se me perdía, que parece tan obvio y que se aprende con la experiencia sobre cómo comportarse allí.

Lo interesante no es eso que pasó después sino lo que me pasaba antes y que aún a veces me pasa cuando me distraigo y mi mente como que quiere rememorar estados anteriores.

Esto es que, como la mayoría de estos locales tienen ventanales, los miraba al pasar y me daba mucha curiosidad. También hambre (¿a quién no le da hambre ver gente comer?), pero aún con la panza llena o pasando rápido cuando ni tiempo da a eso, sé que me resultaba curioso ver el comportamiento de las personas.

Porque es obvio que la gente se comporta diferente comiendo en público que en privado, como lo hace con todas las cosas.

Existe la posibilidad de que me llamara tanto la atención porque estaba tratando de entenderlo, capaz quería aprender así pero cuando volvía a estar en esa situación volvía a no saber qué hacer.

La cuestión es que en algún momento de todo ese tiempo me empezó a parecer que la gente se mete va ahí para ser observada por los que serán sus compañeros temporales de espacio y por los que pasan por la calle que pueden convertirse en compañeros en otro lugar o en otro momento.

En cierto punto, como dije antes, no se podría observar a la gente comportarse naturalmente porque están casi actuando, pero pasado determinado tiempo se aflojan y se acerca un poco más a su comportamiento natural.

Entonces además de la necesidad del servicio prestado está presente la necesidad de mostrarse y de dar una apariencia hacia los otros, los que los conocen y los que no por lo que es muy difícil que podamos ver algún comportamiento natural puro pero no es de menor importancia el observar cómo se comporta la gente cuando sabe que está siendo observada o sobretodo cuando quiere serlo.

Con las diferencias obvias que pueden haber me empezaron a parecer jaulas de zoológico de seres humanos en donde cada uno elige cada tanto pasar un poco de cautiverio.

Todo esto lo pensé simplemente por no entender qué pasaba ahí adentro pero hoy sostengo que las personas nos dedicamos a aprender a actuar comportamientos y a buscar jaulas para mostrar qué bien nos sale.

Buscando alguna recompensa que nunca llega.

La función está como mejor no vayas.
No vayas.
Nadie va.
Si llegas a ir vas a desentonar.



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