domingo, 27 de noviembre de 2016

Distracción

Por la ventana se ve la gente saliendo a hacer mandados, vuelan pajaritos y se los escucha cantar.

El sol ya ilumina todos los rincones que alcanza, la mañana ya empezó.

A través de la cortina ilumina la mesa que tiene todavía las migas del pan y la taza sucia de café del desayuno.

Brilla el mantel viejo en los lugares en los que aún está entero y se refleja en mis ojos.

El techo tiene la tela de la araña que vive conmigo, que llamé Romualda y tengo siempre vigilada.

La cama está desordenada, tiene ropa encima y me distrae el ruido de la mochila que se cae de ella.

Se vuelca el agua fría que le quedó ayer al termo que está con el tapón abierto y estaba adentro de la mochila.

Eso arruina mi distracción.

El agua se mezcla con mi sangre que está vertida al lado de mi cuerpo, que aún brota de mi herida y como un reloj de arena cuenta el tiempo hasta mi muerte.

Un reloj de sangre.

Por suerte vibra el piso en el que estoy tendida porque pasa un camión enorme por la calle a alta velocidad.

Y miro para afuera y veo a la gente saliendo para hacer los mandados otra vez.

La función está como mejor no vayas.
Distraída.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Hogar muerto

Todo aquel que haya vivido un poco sabe lo importante que es la sensación de hogar.
Ese hogar como lugar pero sobretodo como contexto lleno de factores que mantienen un ambiente que se siente cálido.

Mi casa dejó de serlo cuando falleció mi abuela y se enfrió todo hasta los cimientos, lo que era el lugar más seguro del mundo se llenó de fantasmas.
Lo que extraño casi siempre de esa casa que todavía me puede dar es la impunidad de poner música a toda jeta, porque está a una distancia que casi no jode a ningún vecino (o porque nunca ninguno se quejó).

La que no ha dejado de serlo para mí es la ciudad que tiene vivas las baldosas en las que me tropecé y los lugares en los que me quebré.
La que tiene ese azul en el cielo que juro no haber visto en otro lado y las esquinas donde si te toca cruzar  y te parás los conductores te hacen un gesto con la mano a ver si te apurás, que aunque también haya de las otras esquinas y de los otros conductores también, son menos.
Mercedes me da todo ese hogar cuando la recorro y al entrar a mi casa esta me lo quita.

Bah, en realidad no me quita, me da hogar muerto.

Hace unos años entendí que yo podía hacer mi esfuerzo para ver si nos juntábamos todos y estábamos en paz, pero que yo no puedo hacer el esfuerzo por los demás ni puedo obligarlos a hacerlo si no quieren.

Por eso yo tampoco puedo revivirlo.

Como todo lo que ya no tiene vida y ha sido parte de la nuestra es necesario que transite el duelo y después vea.

¿Después vea qué?

Que nada ni nadie pueda matarme el hogar interior, el que me hice en el que solamente vivo yo, que necesito tener para defenderme de todo, en el que guardo las cosas que pasan y suena la música que más me gusta.

Que no lo mate yo tampoco, que no lo mate.

La función está como mejor no vayas.
En contramano.

jueves, 17 de noviembre de 2016

El nudo.

El nudo que me ata,
convierte todo en fuego,
me rompe y me desangra,
quiere reducirme a miedo.

Me ata completamente,
me deja libre a la vez,
mete sus fibras en mis llagas,
me inutiliza los pies.

Hace tratos con Morfeo,
lo soborna y me abandona,
con tanta saña me odia,
que por eso aún no muero.

Desatarlo he intentado,
incendiarlo es lo que quiero,
pero nada de eso puedo,
pues forma parte de mí.

Pero me niego a sofocarme,
no me tendrás aún sin soltarme,
puedo andar, no me engañás,
puedo vivir y enfrentarte.

Caerán gotas de mi sangre,
en cada paso que dé,
pero te quedarás con hambre,
a mí no me vas a comer.

La función está como mejor no vayas.
Está de pie.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Una ventana de frustración.

Hace poco perdí una materia, no entendí lo suficiente, porque procrastiné y porque razones.

Después de asumir que tendré que recursarla y pasado un poco de tiempo pensé que debería intentar rehacer esa tarea, por el aprendizaje blablablá, y por el honor. 

Sobretodo por el honor.

No demoré mucho en decirme a mí misma "pero si me pongo a intentar y no me sale, terrible ventana de frustración".
Por suerte lo dije en voz alta y un compañero que me escuchaba me dijo "bueno, eso está en todo".
Y capaz que en ese momento tuve una pseudo iluminación.

Me debo a mí misma esa tarea.

Tengo más deudas conmigo pero por suerte me hago convenios y tengo pocos intereses.
Igual a veces me trampeo con los contratos.

Yo qué sé.

Tengo ganas de pagarme esas deudas y asomarme en cada ventana de frustración a tirarle la lengua.

Sin importar cuántas veces tenga que volver saltando por esa misma ventana cuando me vea fracasar.

Qué difícil, pero ya he saltado ventanas más altas.

La función está como mejor no vayas.
Está, lo garantizo.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Poesía no sos vos.

La poesía es parte de mi vida desde los 14 años, desde que descubrí que podía desangrarme en un papel sin hacerme un corte, que podía vomitarlo con el estómago en perfectas condiciones y que podía hacerlo sonreir aunque no tuviera alma ni cara.
Fue mi válvula de escape por esos años donde en mi cabeza no había objetivo más dulce que la muerte ni cosa más hedionda que el mundo construido por los seres humanos.
Me acompañó en amores y desamores de todo tipo, en encantos y desencantos que me hicieron crecer despacito y en heridas que tuve que coserme con mis propias manos que significaron estirones.
Fue bocanadas de aire fresco cuando leí poesía de otras almas, cálidos abrazos cargados de empatía y comprensión.
Significó mi vida a flor de piel y por mucho tiempo la encadené porque no soportaba mis propias llagas que demoraban demasiado en cicatrizar.
Dos por tres encuentro poesía que me resulta demasiado pretenciosa, otra que directamente no me gusta, otra que lisa y llanamente no entiendo y otro montón además que tampoco guardaría entre mis favoritas.
Pero no recuerdo haberme encontrado discutiendo su carácter de poesía.
Pero cuatro por seis me encuentro enojándome al ver que mucha gente no solamente se atreve a poner límites sobre cuál es y cuál no sino que además resulta que lo que sí es coincide con lo que les gusta. ¡Ja! qué fácil.
Y no habiendo terminado de encercar lo ajeno con sus gustos, se burlan de aquello que dejan afuera.
Yo solamente vengo a decir jugando con las palabras de un escritor que cualquiera identificará y no siendo muy fanática de lo que escribió: Poesía no sos vos.
No sos vos.
Ni yo.
Ni los que escriben, ni los que leen.
Ni los que no.
Me replanteo después de este final que me resulta doloroso porque es lo que hago, pero encaja en cosas mucho más amplias que poesía y probablemente me encuentre a mí misma diciéndome "Esta cosa no sos vos" al verme haciendo lo que identifiqué como indeseable.
Y eso, amigos míos, que es parte de ser un ser real que se construye, lo tendré que agregar en mi cuestión de madurar.

La función está como mejor no vayas,
aunque sabe desde lo más profundo,
que no importa cuánto te invadan,
harás lo que quieras hacer.