jueves, 22 de septiembre de 2016

Pelea.

Me defiendo de cada golpe,
es difícil así contraatacar,
me confunde a la vez golpearme,
pero igual no lo puedo evitar.

Crece en mí mi peor enemigo,
que disfruta verme tropezar,
como un yuyo hace cualquier nido,
y veneno no puedo usar.

Me envenenaría a mí misma,
me haría trampa al solitario,
no tengo espacio ni para intermediario,
tampoco para respirar.

Me mantengo de pie en tanto me defienda,
tambaleo porque aún me golpeo,
todo para triturarme y construirme.

Camino en una cuerda floja,
equilibrando cada paso,
la estrategia que he encontrado,
por momentos engañosa.

Me supera y ya no quiero,
pero hago otro movimiento,
que me mantiene en la partida,
la mantiene a carne viva.

Es un juego de ajedrez,
una lucha entre mis trozos,
y son mis triturados ojos,
los que no se pueden ver.

La función está como mejor no vayas.
Y como mejor no vengas.


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