lunes, 26 de septiembre de 2016

Un cordero.

Este es un mensaje que dice exactamente lo que querés leer. 
Estás de acuerdo con el enfoque y las palabras elegidas. 
Va directo al punto que te interesa. 
Te hace reir y te hace brillar los ojitos.

Está escrito en una hoja y guardado en un sobre.

El destinatario sos vos y quien vos quieras.

Soy yo.

Es el mensaje que se escribe a sí mismo. Se recuerda.

La función está como mejor no vayas.
Y grita.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Pelea.

Me defiendo de cada golpe,
es difícil así contraatacar,
me confunde a la vez golpearme,
pero igual no lo puedo evitar.

Crece en mí mi peor enemigo,
que disfruta verme tropezar,
como un yuyo hace cualquier nido,
y veneno no puedo usar.

Me envenenaría a mí misma,
me haría trampa al solitario,
no tengo espacio ni para intermediario,
tampoco para respirar.

Me mantengo de pie en tanto me defienda,
tambaleo porque aún me golpeo,
todo para triturarme y construirme.

Camino en una cuerda floja,
equilibrando cada paso,
la estrategia que he encontrado,
por momentos engañosa.

Me supera y ya no quiero,
pero hago otro movimiento,
que me mantiene en la partida,
la mantiene a carne viva.

Es un juego de ajedrez,
una lucha entre mis trozos,
y son mis triturados ojos,
los que no se pueden ver.

La función está como mejor no vayas.
Y como mejor no vengas.


lunes, 19 de septiembre de 2016

Más viejo que la injusticia.

Hay una batería de refranes y frases que heredé de mi familia que uso todo el tiempo.

Descubrí hace poco que tienen un poder que no les conocía que es que al pronunciarlos vuelvo a casa.

No al lugar físico sino al hogar que una vez existió en ese lugar, con todas sus fortalezas y debilidades.

Dicho así puede parecer algo de poca importancia pero al considerar que carezco de la chance de volver de visita a ese hogar y que trabajo constantemente para construirlo en mí entonces este detalle escala rapidísimo en la escala.

De lo que quería escribir es de otro de los matices que tienen esos refranes.

Muchos de ellos poseen una sabiduría que muchas veces es sólo comprensible con la experiencia.

La experiencia que me mostró que si bien yo pude llegar a creer que estuve desprotegida de un montón de cosas que me llegaron a golpear y que, según yo, podían ser evitadas, en realidad estuve protegida de otras cosas que yo no sabía que existían o no podía entender todavía.

Se me pasan millones de cosas por la cabeza y hago un esfuerzo enorme para no irme por las ramas.

Más viejo que la injusticia.

Este dicho, refrán o lo que sea (me da paja realmente ir a buscar cuál es cuál y aparte no importa) lo tengo completamente incorporado y lo dije mil veces sin detenerme el más mínimo segundo.

Fue hasta que se me ocurrió detenerme que se abrió un abanico enorme de cuestiones.

Casualmente no me detuve hasta tener cómo desenmarañarlas todas.

Si uno quisiera decir que la injusticia no es vieja con un análisis de un par de minutos uno puede encontrar siempre una más vieja que la anterior y así tiene la categoría necesaria para usarla como referencia.

El punto igual es otro, el símbolo de la injusticia tan antiguo como permanente, tan inevitable.

Puedo entonces juntar todos estos elementos y escuchar las voces de las que supe reírme por creerlas equivocadas y reconocer en ellas la resignación ante una vida completa de situaciones injustas y de supervivencia.

Puedo darme cuenta que crecí alrededor de un puñado de supervivientes ante una realidad cruda e injusta, protagonistas de cuentos para los que no hubo stock de héroes y que tuvieron que sobrevivir a sus propios nudos.

Con lo que pude aprender de los años que viví y de la vida que me pasó en esos años, de lo que pude ver, de las cosas que me enteré cayeron como eslabones perdidos, no me atrevo a alzar la voz para decir cuál era la forma correcta de manejar esos nudos.

Primero porque cuando se puede ver la complejidad de las cosas lo que era una carretera dividiéndose en dos se convierte en en una jungla llena de caminos y de voces que gritan una encima de la otra opiniones y órdenes.

Segundo porque quiero respetar esas luchas que no son mías y porque que se hayan dado con todo el esfuerzo de una forma óptima o no, no es asunto mío.

Me di cuenta que estos sobrevivientes a los que yo llamé familia me cuidaron de muchas maneras de los golpes de puño de esa injusticia inevitable y que muchas veces la única forma de cuidarme fue recibir el piñazo en sus propias caras.

Ya es tema de otra discusión las aristas que se abren sobre qué hacer frente a la injusticia y blablablá, no es el punto.

El punto es que hoy a través de todas esas frases que heredé respiro un poco de hogar.

Y si me concentro un poquito entiendo cada vez más a algunos pedazos de ese hogar que supe reprochar en otro momento y voy sanando esos recuerdos.

Recuerdos de momentos que ya a esta altura son más viejos que la injusticia para mí.

La función está como mejor no vayas.
Dice que es más joven que la injusticia.
Esconde la cédula.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Resentida.

Hace tiempo tengo dando vueltas en la cabeza la palabra resentimiento. Esto es porque en un lapso corto de tiempo la vi en varios contextos especialmente como una acusación.

No es difícil para todos pensar en una situación en la que hayamos visto a alguien (si no es que hemos sido nosotros) insultar a otra persona diciéndole resentido.

Lo que tuvo esta palabra tanto tiempo dando vueltas en mi mente es justamente que quise pensar en qué es lo que se le está diciendo a una persona al llamarla así y no pude.

Me dí cuenta que no sé qué significa.

Sin embargo si tengo más o menos claro para qué se usa y sé que en algún momento he reproducido ese concepto que ni sé como escribir. 

Lo que sí sé es que al decirlo uno trata de invalidar lo que se dice basándose en intenciones o sensaciones del otro que o son exageradas o no tienen nada que ver con lo que se está diciendo.  

Para solucionar este tema, como buena persona con acceso a google fui y busqué.

Para que sea realmente confiable busqué en la página de la RAE y después de saltear los acción y efecto y blablá llegué a la definición que sí dice algo, la de resentirse (en el link van y se fijan si quieren).

De las tres definiciones posibles la que correspondería a este contexto es:

"Tener sentimientos, pesar o enojo por algo."
 
Leer esta definición debo decir que me hizo sentir automáticamente validada. 

¿Validada por qué?

Porque en un montón de contextos, que fueron justamente los que me hicieron pensar en la palabra en sí, estaba de acuerdo con la persona que estaba siendo insultada.  

Estas situaciones a las que me refiero son siempre sobre quejas en contra de una injusticia.
Ya sea de un privilegio que es injusto o de una desigualdad que también lo es como en contra de concepciones de los mismos donde las personas tienen lo que se merecen (aunque hablemos de recién nacidos eh).

Mi problema con esto último o mejor dicho uno de los problemas es que aparentemente ese reparto en base a méritos se hace por defecto. De esta forma hay personas que nacen mereciendo privilegios y otras que nacen mereciendo todo el desprecio. 

Es tan absurdo que implícitamente estaríamos diciendo que estos bebés hicieron mérito durante el embarazo.

La cuestión es que cuando una persona se queja por esto, cuando hace un planteo que intenta pelear en contra de esto, incluso si solamente quiere hacer visible el problema, se convierte en acreedora de un insulto, o lo que quien dice cree que lo es, que es el de resentida.

Pero visto que la definición es la que puse ahí arriba y considerando en el contexto que la usan, no solamente no se está insultando a esta persona sino que también esta persona efectivamente está resentida.

Estamos resentidos.

Tenemos sentimientos, pesar y/o enojo ante este problema, sentimos cosas por este problema, por la parte que sufrimos nosotros y por la parte que le toca sufrir a otros. 

No estamos protegiendo un privilegio injusto que nos beneficie y perjudique a otro.

Que lo perjudique a otro sin que lo merezca, porque no, la respuesta es no, no se merece el perjuicio y vos tampoco te merecés ese privilegio que te pone por encima.

La función está como mejor no vayas.
También está resentida.