martes, 19 de julio de 2016

Pensamiento crítico ¿de quién?

De lo que quería escribir hoy, como muchas de las cosas de las que escribo acá, es una cosa que me dí cuenta que no había pensado antes. 
 
Condimentada con lo que he vivido y conclusiones que he sacado es un poco lo que vengo a decir.
Hace poco alguien que leyó cosas de por acá me dijo que le gustaba leerme porque yo no creía que tenía la verdad absoluta sino que estaba contando lo que pensaba desde mi óptica y basado en lo que viví y me gustó mucho.

Especialmente porque es bastante la idea, a veces me gustaría saber más de quien lee y que pensó, pero no tendría mucho sentido si lo pidiera, esa opinión que llega espontánea está buenaza.
Sin irme más por las ramas: pensamiento crítico.

Son dos palabras que la primera vez que las vi juntas fue en la clase de Filosofía de 4to en el liceo, pero que encierran un concepto que todos a esa altura conocemos en mayor o menor medida consciente, pero que lo conocemos sin duda.

No es mi intención ponerme a describirlo ni a explicar qué es ni qué pienso de él principalmente porque si estás acá estás a un click de Google en caso de que necesitaras saber qué es.
El punto es que estuve pensando en cómo en el imaginario el desarrollo del pensamiento crítico es patrimonio de aquellos que estudian muchísimo, con un amplio vocabulario y generalmente no gente pobre.

Me encontré a mí misma también considerando que es algo que no es patrimonio del pobre, porque no se expresa igual.

Me bastó un ratito nomás darme contra la pared de la ironía que me dejó un chichón de recuerdos para revisar.

Es así que terminé pensando en esas historias que se usan como ilustración en filosofía, el ser humano guiado por otro “iluminado” que lo lleva a conocer el mundo tal como es, el ser humano descubriendo el mundo tal como es por una experimentación que lo lleva al descubrimiento, historias de ese tipo que involucran todo tipo de preguntas que esta persona en cuestión empieza a hacerse y que nunca antes se hizo (o dejó de hacerse en algún momento), porque estaba muy cómodo en su zona de confort.

Lo que me dí cuenta es que justamente siendo pobre es que no te da mucho el tiempo de acomodarte y que alguien tenga que venir después a contarte cómo es el mundo y que te estimule para preguntarte cosas, porque el mundo te aplasta sin mucha piedad y sin pensarlo mucho.

Antes de que te puedas preguntar mucho tenés que apechugar, no precisás que alguien venga a hacerte ver la injusticia porque la injusticia te está haciendo trampas desde que tenés consciencia, no precisás estímulos para preguntarte por qué, seguro lo hacés cada día.

Entonces me puse a pensar en el mito de la caverna de Platón, que todos conocerán y si no también están a un click de distancia, con el pequeño giro que tiene para el que nace pobre.

Es más o menos como que antes de que alguien venga desde arriba a buscarte y guiarte a que salgas, se te derrumbe la caverna encima y es morirte ahí abajo o salir como puedas. Conocer el mundo con alguna piedra encima que no te vas a poder sacar hasta que consigas fuerza o hasta que sepas usarla. 

Conocer el mundo tanteando y capaz cruzándote con aquellos que les tocó otra suerte y que podrían ayudarte pero no pinta.

Más allá de esa imagen mental que me agarré mientras le daba vueltas al tema, la cuestión es que la ventaja que tiene al que guían a salir y el que sale porque se le derrumbó todo encima está claramente dicho en la misma frase, la guía.

Es así que pasado determinado tiempo el que fue guiado (o educado) probablemente tiene un manejo del lenguaje para expresar lo que ha conocido que lo hace agradable de escuchar, en cambio el otro puede hasta no tener ese mismo idioma.

¿A dónde quería llegar? A esto, a que el pensamiento crítico que en el imaginario se le atribuye al “estudioso”, muchas veces lo único que tiene que el otro no es voz y oídos que lo escuchen, oídos que tengan ganas de saber a qué se refiere, oídos que aún sin entender les resulta agradable escucharlo.

Me atrevo a decir sin embargo que muchas de las cosas que éstos que tienen voz sólo conocen virtualmente, los otros le han visto la cara y le han estrechado la mano, o han sufrido el palazo o el chichón contra la pared, pero cuando lo cuentan los oídos no están tan dispuestos, están molestos e incómodos, considerando además que esa voz les llegue y no quede tapada por otros ruidos.

He de decir que sé que es simplista el rico-estudioso versus pobre-sin estudios, y no es la intención obviamente establecer una etiqueta ni una implicación entre estas cosas, sino establecer el punto de cómo en aquellos que parece que no, se puede esconder un pensamiento crítico mucho más fuerte que en aquellos que, en apariencia, lo poseen en abundancia.

La función está como mejor no vayas.
Sigue estando.

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