viernes, 29 de julio de 2016

No era para vos.

Todo usuario frecuente de internet en algún momento se ha planteado la cuestión de si algunos comentarios, posturas y opiniones que se leen por acá y que son bastante extremos, son producto del internet o si antes se decían en igual cantidad pero no trascendían ni quedaban registrados. Ese registro que permite que nos llegue por medio de una captura del amigo del primo del vecino de la ex del tío de la compañera de clase de tal.

No es mi intención discutir la validez de estas cosas ni sobre los límites (si los tuviera) de la libertad de expresión sino sobre las reacciones.

La captura que pasó de "mano en mano" que decía recién no es casual, tiene una intención bastante clara que bien puede ser una burla o indignación.

Yendo por el camino de la indignación creo que se puede dividir, con un criterio medio simplón, en lo que nos indigna a todos y lo que te indigna a vos.

Por indignación me refiero esta vez al abanico que va desde que solamente molesta hasta el tope de la indignación en sí misma.

Habiendo dicho esto, me he encontrado pila de veces recorriendo redes sociales sintiéndome así, cuestionando qué, por qué, con qué necesidad.

Si divido esas reacciones con el criterio de a quién indigna, en las que sé que nos indigna a todos puedo defender claramente los porqués.

A las otras las puedo dividir en dos subgrupos entre las que puedo defender con porqués y las que para hacerlo necesito explicar algo mío porque es una molestia completamente mía.

En este punto tendría dos caminos para recorrer: uno sería concluir que tengo absoluta razón y todo lo que me molesta es porque los demás hacen cosas mal, otro es mirar mis molestias igual que estoy viendo las publicaciones y ver qué sale.

Resulta natural entender que aquellas molestias que encuentro fundamentadas más allá de mi persona las sostengo, no creo tener completa razón y verdad como es obvio, pero puedo defenderlas.
Resulta quizás no tan natural pero capaz sí medio obvio que las otras son el real problema con el que me topé.

Yo siempre pensé que sabía mucho más de redes sociales que mi madre, pero da la casualidad que en esta cuestión fue la idea de mi madre respecto a ellas lo que me ayudó a pensar.

Cuando empezó a usar Facebook recuerdo haber tenido que explicarle que lo que ella veía en su inicio no era para ella.
Es decir, no eran mensajes que le estaban enviando a ella tal como si estuviera revisando su casilla de mail.
En gran parte me apuré a explicarlo porque cuando noté una pequeña confusión con eso pude ver el momento en que alguien se enojara y se soltara en un estado y que mamá creyera que estaba enojado con ella.

La cuestión es la siguiente, la confusión que tuvo mamá en ese momento se debe a cómo ella concibe a la comunicación.

Todos hemos visto como chiquicientas mil veces el esquemita del emisor, el receptor, el código, el mensaje y blablá.

Es a eso que me refiero.

El mensaje tirado "al aire" para todo al que le llegue, porque sos amigo en Facebook, porque me seguís en Twitter, porque me retuitearon, porque compartieron mi publicación, porque te pasaron el link en Telegram, es diferente, hay un receptor ausente que a la misma vez es permanentemente omnipresente, no es el mismo del esquemita clásico.

Por eso creo que para mamá, en principio, esos mensajes tenían que tener un destinatario particular.

¿Y qué tiene que ver todo esto con lo que dije antes?

Pila, tiene que ver pila.

Recorriendo internet leemos un sinfín de mensajes de un montón de personas, y no, tampoco son dirigidos para nosotros, igual que el inicio de Facebook de mamá.

Entonces llegué a la conclusión de que esa resaca de molestias que no puedo fundamentar es al pedo porque lo que contienen que me incomoda el ser son cosas solamente mías y esos mensajes no eran para mí.

Tengo una teoría sobre algunos comportamientos de la gente en internet que siempre decanta en la necesidad de sentirse importantes, no de serlo de sentirlo.

Esto que digo puede nacer de eso mismo también, eso que está en internet me molesta porque yo blablablablablá, a cualquier persona que no blablablablablá le gustará, le resbalará o yo que sé, pero no le indigna. Pero como yo soy importantísima no hay nada de mayor relevancia que si me molesta o no.

Entender la importancia que no tenemos en todo hace que podamos darnos importancia con sentido y sobretodo al corrernos de todos esos lugares donde no somos centro darle la importancia que le corresponde al que le toque, con sentido también.

Valga la importancia.

La función está como mejor no vayas.
Igual va.
Va sola y va contigo a la misma vez.
 

miércoles, 20 de julio de 2016

No juegan a Pokémon GO pero...

El éxito mundial que tiene Pokémon GO traspasa las fronteras de los países en los que se puede jugar y desespera un poco a los países que todavía no pueden. 
 
Son un montón las noticias de cosas que les han pasado a la gente jugando a Pokémon GO, algunas con fin de tragedia otras un poco menos. 
 
El punto es que para mí se cae de maduro que no es el juego sino el jugador el que está cometiendo errores, el juego no se trata de fijar la vista en la pantalla mientras cruzás la calle o de desatender la vista en un vehículo obviamente. Se supone que si voy a manejar cualquier cosa que me distraiga de estar atenta tendría que descartarlo y posta no tendría que necesitar que me digan “si manejás no juegues a Pokémon GO”. 
 
Igual la gente sabe que no tiene que manejar borracha y lo hace igual, lo que hace que todavía veamos campañas de “si tomás no manejes”.

Así para todas las taradeces que la gente comete jugándolo.

Como las que cometemos viviendo.

Igual me fui un poco por las ramas, yo venía a hacer otra cosa.

Como toda cosa más o menos conocida tiene gente que no le gusta.

Lo cual obviamente está bien porque es la gracia de todo.

Pero parece que jugar o querer jugar a Pokémon GO anda siendo sinónimo de estupidez. No es que el juego te la quite si la tenés (?) pero no creo que una cosa implique la otra.
Especialmente porque a veces quien señala la estupidez al juego (o a cualquier otra cosa) es para plantear que esta persona en cambio no es estúpida ya que no le interesa y no piensa ni probarlo.

Entonces hice una lista de cosas que pueden denotar estupidez aunque no toques ni con un palo a Pokémon GO.

- Empujar una puerta que dice TIRE.
- Tirar de una puerta que dice EMPUJE.
- Ser estudiante y preguntar meses después cosas que quedaron claras al principio del curso.
- Joder a los demás.
- Creer que las leyes de tránsito son flexibles para que vos llegues en tiempo récord a los lugares a los que vas y que los demás deberían esperar solamente porque no son vos.
- Insistirle a una persona que expresó claramente no tener interés en lo que le propusiste.
- Convertirte en todo lo que odiás y criticás.
- Caminar por la calle creyendo que los demás son cosas y que los podés pechar sin decirles ni “reventá” después.
- Amucharse en un lugar y quejarse del amuchamiento.
- Lo que sea que hagas voluntariamente y quejarte de cosas que eso implicaba de forma muy obvia.
- La función está como mejor no vayas.
- Escribir una entrada en un blog que termine en una lista de cosas que denotan estupidez.
- Ser estúpido.
- Ya me olvidé lo que era la estupidez a esta altura.
- ¿De dónde venimos y hacia dónde vamos?
- Vamos hacia ciudad Viridian, obvio.
- Me perdí posta.

La cuestión era, todos somos estúpidos en algún punto, sean estúpidos y dejen ser estúpidos.

Salvo algunos puntos de la lista que no son estupidez simple sino imbecilidad.
Queda a criterio de cada uno identificarlos.

La función está como mejor no vayas.
Está medio estúpida también.

martes, 19 de julio de 2016

Pensamiento crítico ¿de quién?

De lo que quería escribir hoy, como muchas de las cosas de las que escribo acá, es una cosa que me dí cuenta que no había pensado antes. 
 
Condimentada con lo que he vivido y conclusiones que he sacado es un poco lo que vengo a decir.
Hace poco alguien que leyó cosas de por acá me dijo que le gustaba leerme porque yo no creía que tenía la verdad absoluta sino que estaba contando lo que pensaba desde mi óptica y basado en lo que viví y me gustó mucho.

Especialmente porque es bastante la idea, a veces me gustaría saber más de quien lee y que pensó, pero no tendría mucho sentido si lo pidiera, esa opinión que llega espontánea está buenaza.
Sin irme más por las ramas: pensamiento crítico.

Son dos palabras que la primera vez que las vi juntas fue en la clase de Filosofía de 4to en el liceo, pero que encierran un concepto que todos a esa altura conocemos en mayor o menor medida consciente, pero que lo conocemos sin duda.

No es mi intención ponerme a describirlo ni a explicar qué es ni qué pienso de él principalmente porque si estás acá estás a un click de Google en caso de que necesitaras saber qué es.
El punto es que estuve pensando en cómo en el imaginario el desarrollo del pensamiento crítico es patrimonio de aquellos que estudian muchísimo, con un amplio vocabulario y generalmente no gente pobre.

Me encontré a mí misma también considerando que es algo que no es patrimonio del pobre, porque no se expresa igual.

Me bastó un ratito nomás darme contra la pared de la ironía que me dejó un chichón de recuerdos para revisar.

Es así que terminé pensando en esas historias que se usan como ilustración en filosofía, el ser humano guiado por otro “iluminado” que lo lleva a conocer el mundo tal como es, el ser humano descubriendo el mundo tal como es por una experimentación que lo lleva al descubrimiento, historias de ese tipo que involucran todo tipo de preguntas que esta persona en cuestión empieza a hacerse y que nunca antes se hizo (o dejó de hacerse en algún momento), porque estaba muy cómodo en su zona de confort.

Lo que me dí cuenta es que justamente siendo pobre es que no te da mucho el tiempo de acomodarte y que alguien tenga que venir después a contarte cómo es el mundo y que te estimule para preguntarte cosas, porque el mundo te aplasta sin mucha piedad y sin pensarlo mucho.

Antes de que te puedas preguntar mucho tenés que apechugar, no precisás que alguien venga a hacerte ver la injusticia porque la injusticia te está haciendo trampas desde que tenés consciencia, no precisás estímulos para preguntarte por qué, seguro lo hacés cada día.

Entonces me puse a pensar en el mito de la caverna de Platón, que todos conocerán y si no también están a un click de distancia, con el pequeño giro que tiene para el que nace pobre.

Es más o menos como que antes de que alguien venga desde arriba a buscarte y guiarte a que salgas, se te derrumbe la caverna encima y es morirte ahí abajo o salir como puedas. Conocer el mundo con alguna piedra encima que no te vas a poder sacar hasta que consigas fuerza o hasta que sepas usarla. 

Conocer el mundo tanteando y capaz cruzándote con aquellos que les tocó otra suerte y que podrían ayudarte pero no pinta.

Más allá de esa imagen mental que me agarré mientras le daba vueltas al tema, la cuestión es que la ventaja que tiene al que guían a salir y el que sale porque se le derrumbó todo encima está claramente dicho en la misma frase, la guía.

Es así que pasado determinado tiempo el que fue guiado (o educado) probablemente tiene un manejo del lenguaje para expresar lo que ha conocido que lo hace agradable de escuchar, en cambio el otro puede hasta no tener ese mismo idioma.

¿A dónde quería llegar? A esto, a que el pensamiento crítico que en el imaginario se le atribuye al “estudioso”, muchas veces lo único que tiene que el otro no es voz y oídos que lo escuchen, oídos que tengan ganas de saber a qué se refiere, oídos que aún sin entender les resulta agradable escucharlo.

Me atrevo a decir sin embargo que muchas de las cosas que éstos que tienen voz sólo conocen virtualmente, los otros le han visto la cara y le han estrechado la mano, o han sufrido el palazo o el chichón contra la pared, pero cuando lo cuentan los oídos no están tan dispuestos, están molestos e incómodos, considerando además que esa voz les llegue y no quede tapada por otros ruidos.

He de decir que sé que es simplista el rico-estudioso versus pobre-sin estudios, y no es la intención obviamente establecer una etiqueta ni una implicación entre estas cosas, sino establecer el punto de cómo en aquellos que parece que no, se puede esconder un pensamiento crítico mucho más fuerte que en aquellos que, en apariencia, lo poseen en abundancia.

La función está como mejor no vayas.
Sigue estando.

lunes, 18 de julio de 2016

¿Me vas a decir que nunca hiciste caca?

Originalmente el título de esta entrada lo tenía guardado en el borrador de las ideas porque tras decírselo a alguien me dijeron "Es terrible nombre para una entrada de tu blog", así que acá está.

El tema de la caca es bastante simbólico porque representa en un montón de casos eso que todos tenemos/queremos/hacemos/decimos que todos sabemos que lo tenemos/queremos/hacemos/decimos pero sin embargo, por alguna razón que alguien algún día decidió inventar, es algo de lo que no se debe hablar y produce asco.

En cosas tan simples como no tener ganas de ir a algún lado, ¿por qué inventar todo un circo alrededor si se puede decir "che no tengo ganas"?. Ah claro, porque se te enojan. La pregunta es ¿por qué te enojás? ¿Me vas a decir que nunca quisiste no tener ganas de ir a algún lado? ¿Me vas a decir que nunca hiciste caca?

Todas aquellas construcciones sobre lo ideal y lo perfecto que uno parece ser hereje cuando hace evidente que no lo son, son otro ejemplo de lo mismo.

El amor perfecto y eterno para toda la vida en el que no hay fisura y cuando asoma alguna cual película de Hollywood aunque el mundo se oponga todo llega a su lugar y el amor gana porque era perfecto, eterno e ideal.

No vayas a contradecir con cualquier atisbo de realidad a esto porque se te enojarán o dirán que no has estado enamorado. Entonces la pregunta es ¿Me vas a decir que sos de fantasía y nunca sentiste esas fisuras reales? ¿Me vas a decir que nunca hiciste caca?

Respecto al uso de real en el párrafo anterior está inicialmente pensado como contraposición a ideal, pero también está claramente elegido porque considero que lo ideal no existe, si Ud. considera que sí, piénselo como lo primero, o no. Capaz que tiene ganas de hacer caca y ahí lo reflexiona.

Son millones los ejemplos de las cosas que a la gente le divierte barrer por debajo de la alfombra y que es hiper inútil considerando que todos sabemos que está ahí, pero también el tema de hacer caca es un ejemplo de esto.

Retuve muchísimas cosas de las pocas clases de psicología que tuve en mi vida, una de ellas fue "El asco se aprende". Fue una de las cosas que en principio rechacé, pero basta con recordarse a uno mismo (si tienen muy buena memoria) o mirar a cualquier bebé o nene chico para ver que no le tiene asco a nada. Y si se tiene la oportunidad de comparar o compararse con personas con crianzas diferentes, el temita del asco no es necesariamente compartido.

El punto es que si bien por un lado es necesario, obvio pero por las dudas lo digo, la higiene del baño y demáses relacionados. No termino de entender por qué sería tan tabú hablarlo o por qué te convertirías en un ser inmundo por hacerlo.

Y más allá de la mismísima caca, si ninguno de estos dos ejemplos que puse y no más porque me dió paja, no los compartís porque de repente sos de esa gente de la que hablo.

O sos de otro tipo de gente que no consideré.

O de un tipo mestizo entre todos los tipos de gente.

O pensás que no existen los tipos de gente (como yo en concepto, pero necesitaba el recurso para escaparme de aquello).

Seguramente alguna vez también, como yo recién, escribiste o hablaste de algo que a todos les importaba cuatro rabanitos y medio pepino.

 ¿Me vas a decir que nunca lo hiciste?

¿Me vas a decir que nunca hiciste caca?

La función está como mejor no vayas.
Y sí, hace caca.