miércoles, 1 de junio de 2016

Los pobres.

A medida que he crecido (¿he crecido?) me he ido dando cuenta de varias cosas de las que estaba convencida internamente y que no sólo no tenían fundamento alguno sino que además estaban mal y me estaban siendo perjudiciales.

De la misma manera también encontré cosas que estaban bien y me hacían bien pero de lo bueno la gente no aprende, casi siempre.

De lo que tenía ganas de escribir hoy me llevó mucho tiempo entenderlo porque cuando algo está tan interiorizado y parece lógico superficialmente es hasta difícil visualizarlo.
Pero una vez que se puede identificar se puede ver que las hipótesis que sostenían esa lógica eran completamente falsas, desagradables y sobretodo no mías, de repente todo cobra un sentido y al tirarlo abajo cambiando las bases mentalmente pila de cosas cambian.

Yo soy una persona de pocos recuerdos o de recuerdos muy generales de cuando era muy chica, de recuerdos que son más que nada sensaciones. Eso combinado con que mis padres nunca me relataron con detalle mi infancia hace que no pueda contarlo como una película como hace pila de gente que recuerda o bien porque tiene terrible memoria o porque sus padres han tenido terrible ganas, tiempo y paciencia de contarles detalles.

De todas maneras esto no hace a mis recuerdos menos certeros porque en realidad alguna pregunta que hice alguna vez y las historias que escuché en mi casa nunca les fueron contradictorios y además algo tengo que confiar en mi cerebro.

Yendo a lo que importa en este momento sé que en mi familia siempre estuvimos mal en el plano económico, el patrimonio que nos salvó de haber caído peor fue la casa de mi padre que heredó de mi abuelo. Entonces aunque pila de veces nos quedáramos sin luz o sin agua, aunque hubiera que hacer maravillas para armar la comida por ejemplo, siempre teníamos un techo sobre el cual resguardarnos, que era nuestro.

Cuando pasó el 2002, yo tenía 11 años y no recuerdo haber notado un cambio en cómo vivimos, ya estábamos en el horno, supongo que ese fue el tema.

De esos años sí recuerdo haber visto cosas en algún informativo que no entendí del todo, asustarme sin haberlo entendido y calmarme al otro día al ver que “todo seguía igual”.

El análisis sobre nuestra situación económica es algo que empecé a hacer cuando fui más grande y mis compañeras de la escuela me invitaban a sus casas, porque fue viendo cómo vivían ellas y tratando de entender cómo me trataban que conocí el concepto de “pobre”.

Me acuerdo también cuando unos años después conocimos lo que era el Plan de Emergencia, más adelante el Plan de Equidad y bastante más adelante la tarjeta del Mides cosas que en ese momento entendí como algo parecido a la Asignación Familiar que conocía bastante bien porque era cuando recuerdo mamá nos compraba algo especial como un par de championes y porque cada 3 meses si no me falla la memoria pedía un certificado en el centro de estudio que estuviera para ese mismo beneficio. Es estúpido que tenga que aclararlo después de decir esto, pero sí, los adultos de mi casa trabajaban todos y nosotros estudiábamos todos. Recuerdo que hicimos algunos trabajos mínimos pero nunca dejamos de estudiar.

A partir de todo esto podría ahondar en un montón de temas pero en realidad no es el punto en este momento sino que a lo que quería llegar, de lo que estaba convencida y es de a lo que tenía derecho por ser pobre.

Por ser pobre no tenía derecho a tener gustos por ejemplo, la comida me tenía que encantar porque hambre tenía que tener y el hambre tenía que hacerme devorar un guiso de mondongo aunque no me gustara (se me ocurrió ese ejemplo pero el mondongo sí me gusta). Tampoco podía tener gustos con la ropa ni con nada que me alcanzara porque entonces sos “pobre y encima delicado”, lo que sus hijos despreciaban a un pobre le tenía que gustar, porque para eso es pobre, para ser receptor de lo que tirarían pero queda mejor dárselo a alguien.

De la misma forma no tenía derecho a querer cosas que no fueran comer y abrigarme. A partir de eso hay un sinfín de cosas que no tienen que ver con cosas básicas que a las personas les gusta, pero que si un pobre las quiere tener entonces tanta necesidad no tendrá porque sino estaría queriendo comprar comida o una frazada.

No estoy con esto queriendo decir que está bien derrochar por una cosa que no es necesaria y después pasarlo mal ni tampoco presentar una escala de prioridades en la que esté todo mal ordenado. 

El punto es simplemente uno: el derecho.

El juicio sobre una persona por tener el deseo de tener algo que le gustaría tener que no satisface ninguna necesidad básica.
Eso también nos separa de los animales, si el objetivo de nuestra vida es exclusivamente calmar necesidades básicas nos reducimos a ser animales.
Aparentemente la gente cuando hace esta clase de juicios quiere eso, que el pobre se ubique en su lugar de pobre y que no aspire ni pretenda a nada más.

Una persona pobre no puede aspirar a estar linda, a tener cosas relacionadas con algo que no tiene ningún provecho particular pero le gusta, como por ejemplo de una banda, de un músico, de una serie de televisión, de un juego, qué sé yo.

Aunque, si aspira y pretende a estudiar y trabajar sacrificadamente como puede con su esfuerzo sin ninguna ayuda de nadie entonces sí, porque por algo nació pobre y es lo que le toca. Si pretende estudiar y trabajar y está recibiendo una mano para poder hacerlo porque está en desventaja, entonces seguro está abusando, no puede ser que naciendo en una casa pobre no te venga un gen de supertodo que haga que tu cuerpo resista más y que aunque recibas desprecios y pila de cosas que te desmotivan tengas una voluntad irrompible que pueda con todo.

Es la lotería de la vida que te dejó justo ahí.

De la misma manera un pobre no puede querer tener una casa linda, nada en su casa puede pretender que sea a su gusto (no tiene gustos aparte ¿no?), porque solamente puede pretender una casa gris que no se llueva, y si se llueve un poco que no sea tan exquisito, que te resguarde del afuera, que tengas donde cocinar, ir al baño, dormir, pero ojo no seas exquisito, no quieras nada más que eso.

Yo no recuerdo claramente que alguien me haya dicho estas cosas directamente o que me las hayan querido enseñar pero se me ocurren situaciones donde eso estuvo siempre implícito, obvio, lógico y yo lo aprendí. Me dí cuenta mucho después que estaba convencida que no tenía derecho a eso y me comportaba en consecuencia, hasta que me dí cuenta que sí. Estaba tan dentro eso que yo misma podía mirar a otros y reproducir el juicio, yo que también estaba siendo perjudicada por eso.

Hay más derechos que se asume que un pobre no tiene y mientras más vulnerable es la situación, mientras más bravo, peor es.

Es completamente humillante reducir al otro a que sólo pueda pretender comer y abrigarse, que diga que le gusta algo y no pueda, que se convenza de que no puede gustarle algo internamente, para sobrevivir.

Insisto otra vez, por esto quiero decir me atajo otra vez, con que no quiero contradecir lo importante que son las necesidades básicas que tienen que estar satisfechas antes que nada y tampoco digo que a la gente haya que regalarle todo, de lo que yo hablo es de cómo se juzgan los deseos y las decisiones, como si el pobre por nacer en esa situación firmara con el llanto un contrato en el que asume que TODO EL MUNDO va a opinar sobre cada cosa que haga sin que pueda chistar.

La función está como mejor no vayas.

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