martes, 8 de marzo de 2016

Mujer.

En este Día de la Mujer de 2016 me gustaría escribir sobre la mujer más luchadora que vi en mi vida. Una mujer que hoy, que ya no está y que la recuerdo permanentemente, puedo ver de lejos todo lo que fue más allá de mis afectos.

Era una mujer inteligente, resuelta, independiente, que no se callaba ni se dejaba humillar por ningún hombre, que nos enseñó con el ejemplo que podíamos hacer cualquier cosa y llegar a cualquier lado, igual que cualquiera.

Nos transmitió todo eso naturalmente, jamás nos habló ni nos explicó nada especial a mi hermana ni a mí, porque todo lo que ella sobrepasó, toda la independencia que logró, la fuerza con la que pudo hacer todo lo que hizo, la tuvo que sacar de adentro porque nadie se la dió y porque la necesidad no da plazos ni treguas para que uno se ponga a deliberar qué va a hacer.

La injusticia la acompañó casi como una sombra, pero eso nunca la amedrentó y muchas veces le gritó en su cara. Es cuando me quiere enfrentar a mí para seguirme cuando tengo que recordarla y juntar fuerzas siguiendo su ejemplo, aunque parta el alma saber lo que pasó, es su fortaleza su legado.

Me siento siempre muy agradecida del ejemplo que ella nos dió y siento la responsabilidad de contribuir a que ese concepto que nos une a todos como personas crezca hasta que capaz un día remoto y que parece lejano ver esa diferencia tan injusta sea solamente una historia que contar.

Yo no soy muy de las idealizaciones de mundos mejores, pero que no sea por no haberlo intentado.

Como somos todos diferentes, todos ponemos un granito de arena diferente en las diferentes luchas, y todos son necesarios.

Bah, menos los granitos de arena que van violentados contra otros, porque están puestos con la mirada en otro lado.

Hilda se llamaba ella y es un nombre que siempre me va a sonar como música.

La función está como mejor no vayas.
Y es persona.


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