sábado, 5 de marzo de 2016

El camino a la escuela.

El camino de mi casa a la escuela era de 5 cuadras, no tengo recuerdos de cuando me llevaron mis padres aunque supongo que en algún momento eso pasó, pero sí de cuando iba y volvía con mis hermanos mayores.

Igual toda la magia de esas 5 cuadras tiene que ver de todo ese tiempo en que las caminé sola.

Probé pila de combinaciones para llegar ahí y de tanto probar encontré mi camino favorito.
Camino que variaba cada vez que llovía porque en ese caso las calles eran un mar y ahí la cuestión era empaparse lo menos posible y las prioridades eran otras.

Una cuadra que era infaltable estaba llena de unos árboles que nunca puedo acordarme cuáles son pero son muy altos y frondosos, cuando estaban sin podar toda la cuadra era de sombra y en otoño estaba llena de hojas secas para pisar.
Adoraba pasar por ahí por el ruido que hacía al pisar las hojas, por el fresquito natural de la sombrita, y porque, por alguna razón, en esa cuadra, me sentía muy segura.

Antes de llegar a esa cuadra, había una esquina que queda entre medio de un complejo de viviendas y que tengo entendido que es de ahí, donde hay un árbol de Ceibo y una mesita con banquitos como los que ponen en las plazas.
Esa esquina la recuerdo muy especialmente porque ahí hacía una parada al volver de la escuela y me sentaba a leer los libros que nos daban, en mi casa no había demasiados libros y hasta que conocí lo que era una biblioteca, esos fueron mis mejores amigos. Además cuando florecía el ceibo era un lugar especialmente lindo y tenía vista a esa cuadra arbolada por la que me gustaba caminar.

En las tres cuadras que me queda mi casa desde ahí, me gustaba agarrar derecho por la calle que cruza la esquina de mi casa, pasaba por el contraste del único colegio privado con secundaria que queda en Mercedes, que tenía un tránsito trancadísimo a la hora de la salida por los autos, con el jardín público que estaba una cuadra más adelante, con una cuadra trancadísima de papás y mamás esperando a sus nenitos.

Más adelante ya estaba en la manzana de mi casa, que puedo cerrar los ojos y recordar cada detalle de cómo era y cómo ha cambiado hasta ahora.
Y después llegar a mi casa, donde a veces teníamos café con leche, a veces té con leche, a veces solamente té, a veces un buen mate cocido y un qué sé yo en el que me acomodaba a hacer los deberes para el otro día, miraba algo con mis hermanos o salía a estar sola en el fondo a cantar y a treparme en la higuera.

Me falta una cuadra y es la cuadra de la escuela, que es la que sigue a la cuadra arbolada, me encantaba porque los desagües del edificio que es enorme de alto, me quedaban casi a mi altura y me parecía un misterio mirar por ahí, era muy oscuro y me imaginaba cualquier cosa que podía estar pasando ahí adentro, esa cuadra se terminaba en la esquina donde estaba la entrada de la escuela y su escalera que era inmensa para mí, la adoraba.

La función está como mejor no vayas.
En ese momento también estaba, pero yo no lo sabia aún.

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