sábado, 27 de febrero de 2016

4 días

Pasaron cuatro días desde ayer y en unos años será mañana. Me suena raro y quizás lo sea, pero no estoy esperando la aprobación del reloj ni me interesa caber en el calendario.

No quiero dejar que nada me apure.

Cuando se pasa por una crisis, la gente por defecto tiende a querer consolar o alentar con la esperanza de que pronto todo va a estar bien.
Error.
Todo nunca está bien.

Nosotros somos los que podemos estar bien y cuando lo estamos las cosas que no lo están se ven diferente.

Más allá de eso, el punto es que ese tipo de frases que prometen un futuro que llega pronto sin crisis no hacen más que apurar.

Yo quiero tener mi tiempo para elaborar mi duelo, entender lo que me pasa, llorar cuantas veces quiera y mientras tanto aprender a caminar de nuevo.
Con pasitos, con pausas, con tumbos, con tropiezos, con esfuerzos cada vez más fuertes para mantenernos de pie por cada vez más tiempo, pero sin apuro.

Hace cuatro años, creo que anteayer, cuando apenas me enfrentaba a esta crisis post problema alguien me dijo "ahora ya pasó, ahora es el momento de volver a los éxitos", jamás en mi vida sentí tanta presión.

En ese mismo año, no estoy segura en qué día, otra persona que se suponía que era profesional, me dijo que mi duelo no era normal sin saber casi nada de la situación y me provocó uno de los enojos más grandes de mi vida.

Hay que tener cuidado con las palabras.

Es confuso caminar aplastando tierra con los pies porque no hay camino visible, arrancar los yuyos que crecieron por donde decido caminar.
Es más confuso mirar atrás y ver puros zigzags revueltos con marcas de tropiezos.

Sin embargo el hecho de que pueda mirar atrás significa que no sigo en el mismo lugar, me tengo que haber movido un cacho.

Y no vengo sola, llevo cosas.
Frecuentemente la gente se refiere a lo que uno trae consigo de su pasado como una mochila, una mochila pesada que nos encorva la espalda y que tenemos que largar.
Yo en cambio creo que lo que traigo conmigo son capas de mi piel, son ampollas, cicatrices, callos.
Nadie le dice a la gente que se saque la piel por cuestiones obvias, tampoco las ampollas porque están sanando la piel y cuando esté todo sano se reventarán solas. Tampoco las cicatrices se las rechaza, a menos que haya un motivo estético.

La cosa es que:
He llegado a la conclusión de que mi tiempo
 se mide en unidades que solamente mi alma
conoce y por eso me atrevo a contradecirme
llamando horas a lo que fueron segundos
y a esperar el atardecer, la noche y el amanecer 
de cada día que es mío mirando para adentro
y no mirando por la ventana.

La función está como mejor no vayas.
Todavía.