martes, 5 de enero de 2016

No hubo ninguna vez una historia

Había una vez una historia que no quería ser contada, quería simplemente suceder. No quería testigos pero sí protagonistas, no quería un final feliz pero porque no quería terminar nunca.
Había una vez una historia que no quería ser pasado, quería ser eterno presente. No quería registros pero sí recuerdos, no quería un título pero porque no quería que la limitaran.
Había una vez una historia que no quería que la encerraran en un libro, quería ser libre en las mentes de sus protagonistas nada más. No quería ser rigurosamente recordada pero porque quería ser amiga de la imaginación.
Había una vez una historia que no quería tener imágenes, quería simplemente una paleta de colores, inmensa. No quería prolijidad sino líneas para desbordarse, quería que la pintaran pero sin la presión de la perfección.
Había una vez una historia que no quería ser sueño, quería ser libre de a veces ser pesadilla. No quería fronteras pero porque quería ser universo.

Jamás quiso ser nada, por eso es que no lo fue. 
O por eso mismo justamente lo fue todo.
Quizás no la recuerdo bien, quizás borró sus huellas.

Solamente tengo para reprocharle, si me regalo el derecho de hacerlo, haberse definido tanto por lo que no quería ser en lugar de hacerlo por lo que sí deseaba porque eso la convirtió en esclava de aquello que evitaba.
Había una vez.
No hubo ninguna vez.

La función está como mejor no vayas.

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