miércoles, 27 de enero de 2016

La leyenda de la realidad.

Era un día como cualquiera
cuando de lejos las vi yo,
estaban luchando por el honor
para ser reconocidas por vos.
Una tenía una espada brillante
que rápido me encandiló,
aposté todo lo que tenía
porque su perfección me deslumbró.
Su contrincante tenía muy poco,
su aspecto era desgarrador,
hasta pensé en intervenir,
su destino era el polvo morder.
Caminaron manteniendo distancia
mientras comenzaron a hablar.
La más perfecta comenzó a reirse
y burlarse de lo que veía.
La otra en cambio guardaba silencio
carraspeó sólo para gritar,
"Vos no sos nada más que esa imagen
y eso vengo a demostrar".
Con ese grito los lugareños
se empezaron a reunir,
guardaron un poco de distancia
pero la curiosidad empezó a latir.
Después del grito mostrando su espada
la otra quiso presentarse:
"Soy la ideal ustedes me conocen
todos quieren ser como yo,
tengo una imagen insuperable
por mí todos mueren de amor.
Viven su vida queriendo alcanzarme
pero jamás llegarán,
a esta desprecian y eso es muy obvio
sino mírenla otra vez"
De los ojos de la realidad cayeron
dos lágrimas y nada más,
apretó los dientes para gritar
"Acercate para terminar".
La ideal se movió con soltura
y extrema seguridad,
aunque su espada parecía imparable
ésta no podía cortar.
Al estar de frente todos los intentos
de a la realidad lastimar,
sólo sirvieron para arrancar suspiros
de la gente que vino a mirar.
La realidad sacó de su bolsillo
un arma que me perturbó,
era todo oxidado un cuchillo
que la ideal despreció.
Sin dejar pasar ni un segundo
la realidad la desgarró,
desde su cara hasta ver sus tripas
todo su cuerpo lo abrió.
Abrió su piel para mostrarle a todos
lo que ella vaticinó:
la ideal era sólo un muñeco
no tenía corazón.
Pensé que no podía más sorprenderme
pero nunca me imaginé,
la reacción que la gente de allí
después de esto iba a tener.
Usando todo lo que encontraron
echaron a la realidad,
sólo descansaron cuando supieron
que estaba fuera de la ciudad.
Volvieron hasta el cuerpo abierto
y lo lograron restaurar,
lo embalsamaron y lo ubicaron
en un misterioso altar.
Se pusieron rápidamente de acuerdo
de esto jamás hay que hablar,
será un secreto nadie lo dirá,
su sangre pusieron sobre esto.
Esperé tiempo y luego volví
para ver qué fue lo que sucedió,
me encontré con algo escalofriante
que mi sangre helada dejó.
A sus hijos ellos le enseñaron
que esto que te cuento yo a vos,
no era más que un cuento fugaz
que con el tiempo se esparció.
Niegan que la realidad exista,
desestiman su poder,
y ruegan cada noche que no vuelva
a decirles todo cómo es.
Pero sus hijos crecen y una vez
que están solos la realidad,
los busca uno a uno en la calle
para su venganza realizar.
Los pone a prueba
teniéndolos cara a cara,
los desgarra igual que a la ideal
y sobreviven aquellos que tengan
lo que ella viene a buscar.
Solamente los deja con vida seguir
si les encuentra corazón,
sino serán muertos caminando
manteniendo esta tradición.
La de criar hijos como han sido criados
hasta que tengan que soltarlos,
y los encuentre ella con su cuchillo
para decidir su destino.

La función está como mejor no vayas.

domingo, 24 de enero de 2016

Con la llave en la mano

Dicen
que es espantoso tener que seguir el ritual.
Critican
a cada uno que camina por la orilla.
Saben
que depende de sus propias manos cambiarlo.
Pueden
pero es imposible hacer que lo admitan.
Gritan
crean un murmullo para no escucharse.
Cierran
todas las puertas que puedan traerles luz.
Vuelan
hasta que despiertan por las mañanas.
Aparean
fantasías con mentiras, no van a caminar.

Dicen
que los han encerrado en una jaula.
Critican
a aquellos que salen y a los que claudican.
Saben
interiormente que ellos podrían.
Gritan
que es imposible y seguro sea verdad porque
Cierran
cada madrugada que les acerca una pista.
Vuelan
pero cierran sus ojos y se dan contra la pared.
Aparean
las quejas con la negación de la realidad.

Se quejan
de estar encerrados con la llave en sus propias manos.


La función está como mejor no vayas.

martes, 5 de enero de 2016

No hubo ninguna vez una historia

Había una vez una historia que no quería ser contada, quería simplemente suceder. No quería testigos pero sí protagonistas, no quería un final feliz pero porque no quería terminar nunca.
Había una vez una historia que no quería ser pasado, quería ser eterno presente. No quería registros pero sí recuerdos, no quería un título pero porque no quería que la limitaran.
Había una vez una historia que no quería que la encerraran en un libro, quería ser libre en las mentes de sus protagonistas nada más. No quería ser rigurosamente recordada pero porque quería ser amiga de la imaginación.
Había una vez una historia que no quería tener imágenes, quería simplemente una paleta de colores, inmensa. No quería prolijidad sino líneas para desbordarse, quería que la pintaran pero sin la presión de la perfección.
Había una vez una historia que no quería ser sueño, quería ser libre de a veces ser pesadilla. No quería fronteras pero porque quería ser universo.

Jamás quiso ser nada, por eso es que no lo fue. 
O por eso mismo justamente lo fue todo.
Quizás no la recuerdo bien, quizás borró sus huellas.

Solamente tengo para reprocharle, si me regalo el derecho de hacerlo, haberse definido tanto por lo que no quería ser en lugar de hacerlo por lo que sí deseaba porque eso la convirtió en esclava de aquello que evitaba.
Había una vez.
No hubo ninguna vez.

La función está como mejor no vayas.