jueves, 15 de diciembre de 2016

Boomerangs y madrugada.

Hay una creencia generalizada, un dicho popular o yo qué sé de que lo que vos tirás a la vida te vuelve tipo boomerang.

No soy muy partidaria de eso primero porque tendría que volverte exactamente lo mismo lo cual es imposible y segundo porque me he cansado de ver gente que ha tirado una maldad no recibiéndola o lo mismo con bondades de ninguna de las maneras.

Sin embargo hoy me encontré pensando en boomerangs en el 144 después de juntar unos 5 pesos que estaban en el piso.

Totalmente anecdótico irrelevante lo de los 5 pesos pero pasó justo cuando pensaba en que me veo volver a cosas que pensé que jamás volvería.

Qué bueno que vuelva a cosas que soy.

Y llegué a la conclusión de que los verdaderos boomerangs somos nosotros, que nos tiran y nos tiramos todo el tiempo, que nos vuelven y volvemos todo el tiempo, los que viajamos somos nosotros.

Pero nos gusta creer que estamos en un refugio desde el que tiramos y nos caen cosas.

Y nada más dañino que eso.

(Bah sí, pero me gusta la expresión)

Porque cuando nos venga un viaje inesperado y haya que acampar de apuro será mejor que estemos preparados.

La función está como mejor no vayas.
Aunque igual vas a volver.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Distracción

Por la ventana se ve la gente saliendo a hacer mandados, vuelan pajaritos y se los escucha cantar.

El sol ya ilumina todos los rincones que alcanza, la mañana ya empezó.

A través de la cortina ilumina la mesa que tiene todavía las migas del pan y la taza sucia de café del desayuno.

Brilla el mantel viejo en los lugares en los que aún está entero y se refleja en mis ojos.

El techo tiene la tela de la araña que vive conmigo, que llamé Romualda y tengo siempre vigilada.

La cama está desordenada, tiene ropa encima y me distrae el ruido de la mochila que se cae de ella.

Se vuelca el agua fría que le quedó ayer al termo que está con el tapón abierto y estaba adentro de la mochila.

Eso arruina mi distracción.

El agua se mezcla con mi sangre que está vertida al lado de mi cuerpo, que aún brota de mi herida y como un reloj de arena cuenta el tiempo hasta mi muerte.

Un reloj de sangre.

Por suerte vibra el piso en el que estoy tendida porque pasa un camión enorme por la calle a alta velocidad.

Y miro para afuera y veo a la gente saliendo para hacer los mandados otra vez.

La función está como mejor no vayas.
Distraída.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Hogar muerto

Todo aquel que haya vivido un poco sabe lo importante que es la sensación de hogar.
Ese hogar como lugar pero sobretodo como contexto lleno de factores que mantienen un ambiente que se siente cálido.

Mi casa dejó de serlo cuando falleció mi abuela y se enfrió todo hasta los cimientos, lo que era el lugar más seguro del mundo se llenó de fantasmas.
Lo que extraño casi siempre de esa casa que todavía me puede dar es la impunidad de poner música a toda jeta, porque está a una distancia que casi no jode a ningún vecino (o porque nunca ninguno se quejó).

La que no ha dejado de serlo para mí es la ciudad que tiene vivas las baldosas en las que me tropecé y los lugares en los que me quebré.
La que tiene ese azul en el cielo que juro no haber visto en otro lado y las esquinas donde si te toca cruzar  y te parás los conductores te hacen un gesto con la mano a ver si te apurás, que aunque también haya de las otras esquinas y de los otros conductores también, son menos.
Mercedes me da todo ese hogar cuando la recorro y al entrar a mi casa esta me lo quita.

Bah, en realidad no me quita, me da hogar muerto.

Hace unos años entendí que yo podía hacer mi esfuerzo para ver si nos juntábamos todos y estábamos en paz, pero que yo no puedo hacer el esfuerzo por los demás ni puedo obligarlos a hacerlo si no quieren.

Por eso yo tampoco puedo revivirlo.

Como todo lo que ya no tiene vida y ha sido parte de la nuestra es necesario que transite el duelo y después vea.

¿Después vea qué?

Que nada ni nadie pueda matarme el hogar interior, el que me hice en el que solamente vivo yo, que necesito tener para defenderme de todo, en el que guardo las cosas que pasan y suena la música que más me gusta.

Que no lo mate yo tampoco, que no lo mate.

La función está como mejor no vayas.
En contramano.

jueves, 17 de noviembre de 2016

El nudo.

El nudo que me ata,
convierte todo en fuego,
me rompe y me desangra,
quiere reducirme a miedo.

Me ata completamente,
me deja libre a la vez,
mete sus fibras en mis llagas,
me inutiliza los pies.

Hace tratos con Morfeo,
lo soborna y me abandona,
con tanta saña me odia,
que por eso aún no muero.

Desatarlo he intentado,
incendiarlo es lo que quiero,
pero nada de eso puedo,
pues forma parte de mí.

Pero me niego a sofocarme,
no me tendrás aún sin soltarme,
puedo andar, no me engañás,
puedo vivir y enfrentarte.

Caerán gotas de mi sangre,
en cada paso que dé,
pero te quedarás con hambre,
a mí no me vas a comer.

La función está como mejor no vayas.
Está de pie.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Una ventana de frustración.

Hace poco perdí una materia, no entendí lo suficiente, porque procrastiné y porque razones.

Después de asumir que tendré que recursarla y pasado un poco de tiempo pensé que debería intentar rehacer esa tarea, por el aprendizaje blablablá, y por el honor. 

Sobretodo por el honor.

No demoré mucho en decirme a mí misma "pero si me pongo a intentar y no me sale, terrible ventana de frustración".
Por suerte lo dije en voz alta y un compañero que me escuchaba me dijo "bueno, eso está en todo".
Y capaz que en ese momento tuve una pseudo iluminación.

Me debo a mí misma esa tarea.

Tengo más deudas conmigo pero por suerte me hago convenios y tengo pocos intereses.
Igual a veces me trampeo con los contratos.

Yo qué sé.

Tengo ganas de pagarme esas deudas y asomarme en cada ventana de frustración a tirarle la lengua.

Sin importar cuántas veces tenga que volver saltando por esa misma ventana cuando me vea fracasar.

Qué difícil, pero ya he saltado ventanas más altas.

La función está como mejor no vayas.
Está, lo garantizo.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Poesía no sos vos.

La poesía es parte de mi vida desde los 14 años, desde que descubrí que podía desangrarme en un papel sin hacerme un corte, que podía vomitarlo con el estómago en perfectas condiciones y que podía hacerlo sonreir aunque no tuviera alma ni cara.
Fue mi válvula de escape por esos años donde en mi cabeza no había objetivo más dulce que la muerte ni cosa más hedionda que el mundo construido por los seres humanos.
Me acompañó en amores y desamores de todo tipo, en encantos y desencantos que me hicieron crecer despacito y en heridas que tuve que coserme con mis propias manos que significaron estirones.
Fue bocanadas de aire fresco cuando leí poesía de otras almas, cálidos abrazos cargados de empatía y comprensión.
Significó mi vida a flor de piel y por mucho tiempo la encadené porque no soportaba mis propias llagas que demoraban demasiado en cicatrizar.
Dos por tres encuentro poesía que me resulta demasiado pretenciosa, otra que directamente no me gusta, otra que lisa y llanamente no entiendo y otro montón además que tampoco guardaría entre mis favoritas.
Pero no recuerdo haberme encontrado discutiendo su carácter de poesía.
Pero cuatro por seis me encuentro enojándome al ver que mucha gente no solamente se atreve a poner límites sobre cuál es y cuál no sino que además resulta que lo que sí es coincide con lo que les gusta. ¡Ja! qué fácil.
Y no habiendo terminado de encercar lo ajeno con sus gustos, se burlan de aquello que dejan afuera.
Yo solamente vengo a decir jugando con las palabras de un escritor que cualquiera identificará y no siendo muy fanática de lo que escribió: Poesía no sos vos.
No sos vos.
Ni yo.
Ni los que escriben, ni los que leen.
Ni los que no.
Me replanteo después de este final que me resulta doloroso porque es lo que hago, pero encaja en cosas mucho más amplias que poesía y probablemente me encuentre a mí misma diciéndome "Esta cosa no sos vos" al verme haciendo lo que identifiqué como indeseable.
Y eso, amigos míos, que es parte de ser un ser real que se construye, lo tendré que agregar en mi cuestión de madurar.

La función está como mejor no vayas,
aunque sabe desde lo más profundo,
que no importa cuánto te invadan,
harás lo que quieras hacer.

sábado, 22 de octubre de 2016

Violaciones silenciosas.

El debate está implantado, el debate ya está abierto y las redes sociales que son algo como las voces de una multitud.
Con la diferencia de que quedan registrado y que uno puede (si quiere tomarse el tiempo o si lo tiene) de saber qué dijeron todos y qué le contestaron los demás.
De esto se desprende que otros hablen con otras conversaciones como punto de partida y así las combinaciones son infinitas.

Podríamos decir entonces que es muchísimo más que las voces de una multitud, se convierten en las controversias, opiniones, acuerdos, desacuerdos y qué sé yo cuánta cosa más de esas voces, con ellas incluídas naturalmente.

Así de entreverado y apabullador como suena, así sabemos que es.

Para otra oportunidad dejo pendiente lo que se me ocurre para seguir desarrollando esa idea, venía a otra cosa.

La cosa es que en estos últimos días se habló intensamente sobre las mujeres, el feminismo, tragedias que han pasado, pasan y no parecen pretender parar de pasar y un montón de temas que se desprenden del análisis que se hace de todo esto, del análisis del análisis, de la opinión y blablá.

He leído muchas cosas con las que concuerdo, algunas con las que no tanto, otras que definitivamente no.

Quería decir algo.

Hay algo muy importante que he visto que han hecho varias veces que es en un mismo espacio las mujeres cuenten situaciones de abuso que han vivido desde la niñez. Lo bueno de esa expresión colectiva es que pone los abusos de manifiesto y además que no son sólo un par de enfermos.

Otra cosa es que habiendo leído poco de esos testimonios porque realmente me impresiona, puedo de todas maneras asegurar que muchas de las que se expresaron fue de las pocas veces que lo hicieron, con todo lo que eso implica. También que en ese momento les cayó la ficha de la gravedad como también otras llegaron a lo mismo sin unirse a postearlo.

Claramente no que les cae la ficha porque les haya pasado desapercibido, porque no hayan sentido nada en ese momento sino porque en el marco de esta cultura una mujer puede vivir creyendo que fue su culpa, que no es tan grave como para dramatizar, que el abuso es solamente violación, penetración.

A lo que quería llegar con todo esto y a lo que refiere el título también, es a ese montón de situaciones en que una o varias personas abusan de una mujer y aparentemente no pasó nada.

No pasó nada porque no la tocaron, no pasó nada porque no la insultaron de forma explícita y por eso no tiene "pruebas".

El tema de las "pruebas" no se trata de algo tangible sino de algo concreto que suceda y a lo que atacar, por ejemplo en el caso del insulto explícito, las palabras bastan como prueba, porque todos estamos de acuerdo que son agravio.

Hablo de que se la maltrate, de la humille y minimice, pero sutilmente.

Por ejemplo dejando claro las cosas que un hombre puede hacer y ella no, las cosas que la convierten en "despreciable" o "descartable" y el ejemplo que más me da asco que es el hombre adulto que hace comentario sutil sobre lo deseable que es la niña o la adolescente, que se percibe como un halago común.
Esos ejemplos alcanzan para la idea más o menos pero obviamente hay miles más.

La cosa es que aunque "no haya pasado nada" y no haya "pruebas" tiene consecuencias en la persona que ha sido abusada.

No soy psicóloga ni nada parecido, pero creo no equivocarme al decir que una persona después de pasar por esto necesita descargarse, hablarlo y encontrar alguien que lo entienda, como un principio quiero decir.

Pero qué pasa si una persona lo expresa y recibe el mensaje de que en realidad no pasó nada o peor de que "esas cosas pasan y no las podés evitar".

Todas las personas somos diferentes y tomamos distintos caminos ante situaciones parecidas pero me atrevo a pensar por la experiencia, por lo vivido y por un cacho de lógica que hay dos caminos muy posibles ante esto.

Uno que después de haber sido minimizado y además en muchos casos ridiculizado el sentimiento de haber sido abusado, ya no se vuelva a exteriorizar y se viva tratando de evitarlo, hasta acostumbrarse.

Otro que habiendo visto cómo se minimiza y ridiculiza ese sentimiento en otras personas no llegue a exteriorizarse ni una sola vez y se viva tratando de evitarlo, hasta acostumbrarse.

Por acostumbrarse no me refiero a que deje de doler ni de molestar sino simplemente a reproducir internamente el concepto de que "no pasa nada" y por supuesto no quejarse jamás.

Está también otro tercer camino que es el de las mujeres que se defienden de una o que tienen la suerte de estar rodeada de personas que les tienden la mano y no las dejan agachar la cabeza.

Y otros caminos que también son positivos, con agentes que se involucran que son infinitos pero no es el punto.

Es decir, me interesan particularmente las otras, las que quedan oprimidas, abajo de la pata del "no pasa nada"

Quiero decir antes de seguir que obviamente las situaciones son mucho más complejas, para escribir todo esto tuve que esquematizarlo.

Entonces a lo que me refiero son situaciones que no son esas por las que todos se indignan al unísono cuando se enteran que pasan, son otras que se han hecho "imperceptibles" (entre comillas porque como dije antes, las mujeres lo perciben pero se les enseña a bancárselo).

Y son que creo yo que son las que mientras dejamos que sucedan no podemos prevenir esas otras que nos hacen agarrarnos todos de los pelos a la vez.

Por eso les llamé violaciones silenciosas, son abusos que no son, víctimas que no lo son, cosas que no pasan pero quedan grabadas con reacciones de terceros que educan (de forma inconsciente creo yo pila de las veces) las mentes para que no protesten y sigan.

Por suerte un lote tarde o temprano se rebela.



La función está como mejor no vayas.
Y se rebela.








lunes, 26 de septiembre de 2016

Un cordero.

Este es un mensaje que dice exactamente lo que querés leer. 
Estás de acuerdo con el enfoque y las palabras elegidas. 
Va directo al punto que te interesa. 
Te hace reir y te hace brillar los ojitos.

Está escrito en una hoja y guardado en un sobre.

El destinatario sos vos y quien vos quieras.

Soy yo.

Es el mensaje que se escribe a sí mismo. Se recuerda.

La función está como mejor no vayas.
Y grita.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Pelea.

Me defiendo de cada golpe,
es difícil así contraatacar,
me confunde a la vez golpearme,
pero igual no lo puedo evitar.

Crece en mí mi peor enemigo,
que disfruta verme tropezar,
como un yuyo hace cualquier nido,
y veneno no puedo usar.

Me envenenaría a mí misma,
me haría trampa al solitario,
no tengo espacio ni para intermediario,
tampoco para respirar.

Me mantengo de pie en tanto me defienda,
tambaleo porque aún me golpeo,
todo para triturarme y construirme.

Camino en una cuerda floja,
equilibrando cada paso,
la estrategia que he encontrado,
por momentos engañosa.

Me supera y ya no quiero,
pero hago otro movimiento,
que me mantiene en la partida,
la mantiene a carne viva.

Es un juego de ajedrez,
una lucha entre mis trozos,
y son mis triturados ojos,
los que no se pueden ver.

La función está como mejor no vayas.
Y como mejor no vengas.


lunes, 19 de septiembre de 2016

Más viejo que la injusticia.

Hay una batería de refranes y frases que heredé de mi familia que uso todo el tiempo.

Descubrí hace poco que tienen un poder que no les conocía que es que al pronunciarlos vuelvo a casa.

No al lugar físico sino al hogar que una vez existió en ese lugar, con todas sus fortalezas y debilidades.

Dicho así puede parecer algo de poca importancia pero al considerar que carezco de la chance de volver de visita a ese hogar y que trabajo constantemente para construirlo en mí entonces este detalle escala rapidísimo en la escala.

De lo que quería escribir es de otro de los matices que tienen esos refranes.

Muchos de ellos poseen una sabiduría que muchas veces es sólo comprensible con la experiencia.

La experiencia que me mostró que si bien yo pude llegar a creer que estuve desprotegida de un montón de cosas que me llegaron a golpear y que, según yo, podían ser evitadas, en realidad estuve protegida de otras cosas que yo no sabía que existían o no podía entender todavía.

Se me pasan millones de cosas por la cabeza y hago un esfuerzo enorme para no irme por las ramas.

Más viejo que la injusticia.

Este dicho, refrán o lo que sea (me da paja realmente ir a buscar cuál es cuál y aparte no importa) lo tengo completamente incorporado y lo dije mil veces sin detenerme el más mínimo segundo.

Fue hasta que se me ocurrió detenerme que se abrió un abanico enorme de cuestiones.

Casualmente no me detuve hasta tener cómo desenmarañarlas todas.

Si uno quisiera decir que la injusticia no es vieja con un análisis de un par de minutos uno puede encontrar siempre una más vieja que la anterior y así tiene la categoría necesaria para usarla como referencia.

El punto igual es otro, el símbolo de la injusticia tan antiguo como permanente, tan inevitable.

Puedo entonces juntar todos estos elementos y escuchar las voces de las que supe reírme por creerlas equivocadas y reconocer en ellas la resignación ante una vida completa de situaciones injustas y de supervivencia.

Puedo darme cuenta que crecí alrededor de un puñado de supervivientes ante una realidad cruda e injusta, protagonistas de cuentos para los que no hubo stock de héroes y que tuvieron que sobrevivir a sus propios nudos.

Con lo que pude aprender de los años que viví y de la vida que me pasó en esos años, de lo que pude ver, de las cosas que me enteré cayeron como eslabones perdidos, no me atrevo a alzar la voz para decir cuál era la forma correcta de manejar esos nudos.

Primero porque cuando se puede ver la complejidad de las cosas lo que era una carretera dividiéndose en dos se convierte en en una jungla llena de caminos y de voces que gritan una encima de la otra opiniones y órdenes.

Segundo porque quiero respetar esas luchas que no son mías y porque que se hayan dado con todo el esfuerzo de una forma óptima o no, no es asunto mío.

Me di cuenta que estos sobrevivientes a los que yo llamé familia me cuidaron de muchas maneras de los golpes de puño de esa injusticia inevitable y que muchas veces la única forma de cuidarme fue recibir el piñazo en sus propias caras.

Ya es tema de otra discusión las aristas que se abren sobre qué hacer frente a la injusticia y blablablá, no es el punto.

El punto es que hoy a través de todas esas frases que heredé respiro un poco de hogar.

Y si me concentro un poquito entiendo cada vez más a algunos pedazos de ese hogar que supe reprochar en otro momento y voy sanando esos recuerdos.

Recuerdos de momentos que ya a esta altura son más viejos que la injusticia para mí.

La función está como mejor no vayas.
Dice que es más joven que la injusticia.
Esconde la cédula.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Resentida.

Hace tiempo tengo dando vueltas en la cabeza la palabra resentimiento. Esto es porque en un lapso corto de tiempo la vi en varios contextos especialmente como una acusación.

No es difícil para todos pensar en una situación en la que hayamos visto a alguien (si no es que hemos sido nosotros) insultar a otra persona diciéndole resentido.

Lo que tuvo esta palabra tanto tiempo dando vueltas en mi mente es justamente que quise pensar en qué es lo que se le está diciendo a una persona al llamarla así y no pude.

Me dí cuenta que no sé qué significa.

Sin embargo si tengo más o menos claro para qué se usa y sé que en algún momento he reproducido ese concepto que ni sé como escribir. 

Lo que sí sé es que al decirlo uno trata de invalidar lo que se dice basándose en intenciones o sensaciones del otro que o son exageradas o no tienen nada que ver con lo que se está diciendo.  

Para solucionar este tema, como buena persona con acceso a google fui y busqué.

Para que sea realmente confiable busqué en la página de la RAE y después de saltear los acción y efecto y blablá llegué a la definición que sí dice algo, la de resentirse (en el link van y se fijan si quieren).

De las tres definiciones posibles la que correspondería a este contexto es:

"Tener sentimientos, pesar o enojo por algo."
 
Leer esta definición debo decir que me hizo sentir automáticamente validada. 

¿Validada por qué?

Porque en un montón de contextos, que fueron justamente los que me hicieron pensar en la palabra en sí, estaba de acuerdo con la persona que estaba siendo insultada.  

Estas situaciones a las que me refiero son siempre sobre quejas en contra de una injusticia.
Ya sea de un privilegio que es injusto o de una desigualdad que también lo es como en contra de concepciones de los mismos donde las personas tienen lo que se merecen (aunque hablemos de recién nacidos eh).

Mi problema con esto último o mejor dicho uno de los problemas es que aparentemente ese reparto en base a méritos se hace por defecto. De esta forma hay personas que nacen mereciendo privilegios y otras que nacen mereciendo todo el desprecio. 

Es tan absurdo que implícitamente estaríamos diciendo que estos bebés hicieron mérito durante el embarazo.

La cuestión es que cuando una persona se queja por esto, cuando hace un planteo que intenta pelear en contra de esto, incluso si solamente quiere hacer visible el problema, se convierte en acreedora de un insulto, o lo que quien dice cree que lo es, que es el de resentida.

Pero visto que la definición es la que puse ahí arriba y considerando en el contexto que la usan, no solamente no se está insultando a esta persona sino que también esta persona efectivamente está resentida.

Estamos resentidos.

Tenemos sentimientos, pesar y/o enojo ante este problema, sentimos cosas por este problema, por la parte que sufrimos nosotros y por la parte que le toca sufrir a otros. 

No estamos protegiendo un privilegio injusto que nos beneficie y perjudique a otro.

Que lo perjudique a otro sin que lo merezca, porque no, la respuesta es no, no se merece el perjuicio y vos tampoco te merecés ese privilegio que te pone por encima.

La función está como mejor no vayas.
También está resentida.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Cómo distinguir una persona viva de una muerta.

Es habitual que creamos que sabemos lo que pensaría un muerto acerca de una situación actual.
No importa si se murió ayer, el año pasado o hace 25 siglos, tanto si lo conocimos como si tenemos acceso por algún medio a saber qué pensaba, eso nos da lo necesario para armar la supuesta opinión del difunto.

Otro gallo cantaría si pudiéramos ir a preguntarles como uno va y le pregunta a los vivos (a veces, cuando no se hace y se supone que se sabe lo que piensa de esta misma manera).

El tema es que todo esto a mí me hizo pensar en lo que significa la muerte.

Todos tenemos de forma explícita o implícita un concepto de ella que va cambiando a lo largo del tiempo, me di cuenta que estoy en condiciones de redefinirla.

La muerte es una foto.

Es una foto que inmortaliza no nuestra cara ni nuestro cuerpo, sino lo que pensamos en ese momento.
Nos quita la posibilidad de cambiar de opinión, de tener otras experiencias que nos hagan obrar diferente, de equivocarnos más, en definitiva (con una obviedad que explota las retinas) de vivir.

Con esto entonces lo que también tengo para redefinir es la vida, el concepto de vivir.

También un método para identificar personas vivas de las muertas.

Primero hay que encontrar un momento lo suficientemente pasado en la vida de la persona.
La magnitud del tiempo que se vuelve atrás tiene que ser proporcional con la edad de la persona para que tenga sentido.


Luego identificar su forma de pensar, con todo lo que implica, las opiniones, los puntos de vista y blá.

Después de esto hay que identificar la forma de pensar del presente.

Por último se comparan ambas.

En caso de no encontrar ABSOLUTAMENTE NINGUNA diferencia, de ningún tipo, estamos ante una persona muerta en vida, su evolución a través del tiempo es idéntica a la de una persona que no está respirando.

En caso contrario estamos ante una persona que está viva.

Es importante distinguir entre estas personas vivas las que son coherentes de las que no, importantísimo, pero eso es café con leche de otra taza.

Café con leche de otra mañana.

De otro momento.

De otra vida.

De otra muerte.

De otros muertos en vida.

Vivos en muerte.

Muertos al rojo vivo.

La función está como mejor no vayas.
Está viva.

viernes, 29 de julio de 2016

No era para vos.

Todo usuario frecuente de internet en algún momento se ha planteado la cuestión de si algunos comentarios, posturas y opiniones que se leen por acá y que son bastante extremos, son producto del internet o si antes se decían en igual cantidad pero no trascendían ni quedaban registrados. Ese registro que permite que nos llegue por medio de una captura del amigo del primo del vecino de la ex del tío de la compañera de clase de tal.

No es mi intención discutir la validez de estas cosas ni sobre los límites (si los tuviera) de la libertad de expresión sino sobre las reacciones.

La captura que pasó de "mano en mano" que decía recién no es casual, tiene una intención bastante clara que bien puede ser una burla o indignación.

Yendo por el camino de la indignación creo que se puede dividir, con un criterio medio simplón, en lo que nos indigna a todos y lo que te indigna a vos.

Por indignación me refiero esta vez al abanico que va desde que solamente molesta hasta el tope de la indignación en sí misma.

Habiendo dicho esto, me he encontrado pila de veces recorriendo redes sociales sintiéndome así, cuestionando qué, por qué, con qué necesidad.

Si divido esas reacciones con el criterio de a quién indigna, en las que sé que nos indigna a todos puedo defender claramente los porqués.

A las otras las puedo dividir en dos subgrupos entre las que puedo defender con porqués y las que para hacerlo necesito explicar algo mío porque es una molestia completamente mía.

En este punto tendría dos caminos para recorrer: uno sería concluir que tengo absoluta razón y todo lo que me molesta es porque los demás hacen cosas mal, otro es mirar mis molestias igual que estoy viendo las publicaciones y ver qué sale.

Resulta natural entender que aquellas molestias que encuentro fundamentadas más allá de mi persona las sostengo, no creo tener completa razón y verdad como es obvio, pero puedo defenderlas.
Resulta quizás no tan natural pero capaz sí medio obvio que las otras son el real problema con el que me topé.

Yo siempre pensé que sabía mucho más de redes sociales que mi madre, pero da la casualidad que en esta cuestión fue la idea de mi madre respecto a ellas lo que me ayudó a pensar.

Cuando empezó a usar Facebook recuerdo haber tenido que explicarle que lo que ella veía en su inicio no era para ella.
Es decir, no eran mensajes que le estaban enviando a ella tal como si estuviera revisando su casilla de mail.
En gran parte me apuré a explicarlo porque cuando noté una pequeña confusión con eso pude ver el momento en que alguien se enojara y se soltara en un estado y que mamá creyera que estaba enojado con ella.

La cuestión es la siguiente, la confusión que tuvo mamá en ese momento se debe a cómo ella concibe a la comunicación.

Todos hemos visto como chiquicientas mil veces el esquemita del emisor, el receptor, el código, el mensaje y blablá.

Es a eso que me refiero.

El mensaje tirado "al aire" para todo al que le llegue, porque sos amigo en Facebook, porque me seguís en Twitter, porque me retuitearon, porque compartieron mi publicación, porque te pasaron el link en Telegram, es diferente, hay un receptor ausente que a la misma vez es permanentemente omnipresente, no es el mismo del esquemita clásico.

Por eso creo que para mamá, en principio, esos mensajes tenían que tener un destinatario particular.

¿Y qué tiene que ver todo esto con lo que dije antes?

Pila, tiene que ver pila.

Recorriendo internet leemos un sinfín de mensajes de un montón de personas, y no, tampoco son dirigidos para nosotros, igual que el inicio de Facebook de mamá.

Entonces llegué a la conclusión de que esa resaca de molestias que no puedo fundamentar es al pedo porque lo que contienen que me incomoda el ser son cosas solamente mías y esos mensajes no eran para mí.

Tengo una teoría sobre algunos comportamientos de la gente en internet que siempre decanta en la necesidad de sentirse importantes, no de serlo de sentirlo.

Esto que digo puede nacer de eso mismo también, eso que está en internet me molesta porque yo blablablablablá, a cualquier persona que no blablablablablá le gustará, le resbalará o yo que sé, pero no le indigna. Pero como yo soy importantísima no hay nada de mayor relevancia que si me molesta o no.

Entender la importancia que no tenemos en todo hace que podamos darnos importancia con sentido y sobretodo al corrernos de todos esos lugares donde no somos centro darle la importancia que le corresponde al que le toque, con sentido también.

Valga la importancia.

La función está como mejor no vayas.
Igual va.
Va sola y va contigo a la misma vez.
 

miércoles, 20 de julio de 2016

No juegan a Pokémon GO pero...

El éxito mundial que tiene Pokémon GO traspasa las fronteras de los países en los que se puede jugar y desespera un poco a los países que todavía no pueden. 
 
Son un montón las noticias de cosas que les han pasado a la gente jugando a Pokémon GO, algunas con fin de tragedia otras un poco menos. 
 
El punto es que para mí se cae de maduro que no es el juego sino el jugador el que está cometiendo errores, el juego no se trata de fijar la vista en la pantalla mientras cruzás la calle o de desatender la vista en un vehículo obviamente. Se supone que si voy a manejar cualquier cosa que me distraiga de estar atenta tendría que descartarlo y posta no tendría que necesitar que me digan “si manejás no juegues a Pokémon GO”. 
 
Igual la gente sabe que no tiene que manejar borracha y lo hace igual, lo que hace que todavía veamos campañas de “si tomás no manejes”.

Así para todas las taradeces que la gente comete jugándolo.

Como las que cometemos viviendo.

Igual me fui un poco por las ramas, yo venía a hacer otra cosa.

Como toda cosa más o menos conocida tiene gente que no le gusta.

Lo cual obviamente está bien porque es la gracia de todo.

Pero parece que jugar o querer jugar a Pokémon GO anda siendo sinónimo de estupidez. No es que el juego te la quite si la tenés (?) pero no creo que una cosa implique la otra.
Especialmente porque a veces quien señala la estupidez al juego (o a cualquier otra cosa) es para plantear que esta persona en cambio no es estúpida ya que no le interesa y no piensa ni probarlo.

Entonces hice una lista de cosas que pueden denotar estupidez aunque no toques ni con un palo a Pokémon GO.

- Empujar una puerta que dice TIRE.
- Tirar de una puerta que dice EMPUJE.
- Ser estudiante y preguntar meses después cosas que quedaron claras al principio del curso.
- Joder a los demás.
- Creer que las leyes de tránsito son flexibles para que vos llegues en tiempo récord a los lugares a los que vas y que los demás deberían esperar solamente porque no son vos.
- Insistirle a una persona que expresó claramente no tener interés en lo que le propusiste.
- Convertirte en todo lo que odiás y criticás.
- Caminar por la calle creyendo que los demás son cosas y que los podés pechar sin decirles ni “reventá” después.
- Amucharse en un lugar y quejarse del amuchamiento.
- Lo que sea que hagas voluntariamente y quejarte de cosas que eso implicaba de forma muy obvia.
- La función está como mejor no vayas.
- Escribir una entrada en un blog que termine en una lista de cosas que denotan estupidez.
- Ser estúpido.
- Ya me olvidé lo que era la estupidez a esta altura.
- ¿De dónde venimos y hacia dónde vamos?
- Vamos hacia ciudad Viridian, obvio.
- Me perdí posta.

La cuestión era, todos somos estúpidos en algún punto, sean estúpidos y dejen ser estúpidos.

Salvo algunos puntos de la lista que no son estupidez simple sino imbecilidad.
Queda a criterio de cada uno identificarlos.

La función está como mejor no vayas.
Está medio estúpida también.

martes, 19 de julio de 2016

Pensamiento crítico ¿de quién?

De lo que quería escribir hoy, como muchas de las cosas de las que escribo acá, es una cosa que me dí cuenta que no había pensado antes. 
 
Condimentada con lo que he vivido y conclusiones que he sacado es un poco lo que vengo a decir.
Hace poco alguien que leyó cosas de por acá me dijo que le gustaba leerme porque yo no creía que tenía la verdad absoluta sino que estaba contando lo que pensaba desde mi óptica y basado en lo que viví y me gustó mucho.

Especialmente porque es bastante la idea, a veces me gustaría saber más de quien lee y que pensó, pero no tendría mucho sentido si lo pidiera, esa opinión que llega espontánea está buenaza.
Sin irme más por las ramas: pensamiento crítico.

Son dos palabras que la primera vez que las vi juntas fue en la clase de Filosofía de 4to en el liceo, pero que encierran un concepto que todos a esa altura conocemos en mayor o menor medida consciente, pero que lo conocemos sin duda.

No es mi intención ponerme a describirlo ni a explicar qué es ni qué pienso de él principalmente porque si estás acá estás a un click de Google en caso de que necesitaras saber qué es.
El punto es que estuve pensando en cómo en el imaginario el desarrollo del pensamiento crítico es patrimonio de aquellos que estudian muchísimo, con un amplio vocabulario y generalmente no gente pobre.

Me encontré a mí misma también considerando que es algo que no es patrimonio del pobre, porque no se expresa igual.

Me bastó un ratito nomás darme contra la pared de la ironía que me dejó un chichón de recuerdos para revisar.

Es así que terminé pensando en esas historias que se usan como ilustración en filosofía, el ser humano guiado por otro “iluminado” que lo lleva a conocer el mundo tal como es, el ser humano descubriendo el mundo tal como es por una experimentación que lo lleva al descubrimiento, historias de ese tipo que involucran todo tipo de preguntas que esta persona en cuestión empieza a hacerse y que nunca antes se hizo (o dejó de hacerse en algún momento), porque estaba muy cómodo en su zona de confort.

Lo que me dí cuenta es que justamente siendo pobre es que no te da mucho el tiempo de acomodarte y que alguien tenga que venir después a contarte cómo es el mundo y que te estimule para preguntarte cosas, porque el mundo te aplasta sin mucha piedad y sin pensarlo mucho.

Antes de que te puedas preguntar mucho tenés que apechugar, no precisás que alguien venga a hacerte ver la injusticia porque la injusticia te está haciendo trampas desde que tenés consciencia, no precisás estímulos para preguntarte por qué, seguro lo hacés cada día.

Entonces me puse a pensar en el mito de la caverna de Platón, que todos conocerán y si no también están a un click de distancia, con el pequeño giro que tiene para el que nace pobre.

Es más o menos como que antes de que alguien venga desde arriba a buscarte y guiarte a que salgas, se te derrumbe la caverna encima y es morirte ahí abajo o salir como puedas. Conocer el mundo con alguna piedra encima que no te vas a poder sacar hasta que consigas fuerza o hasta que sepas usarla. 

Conocer el mundo tanteando y capaz cruzándote con aquellos que les tocó otra suerte y que podrían ayudarte pero no pinta.

Más allá de esa imagen mental que me agarré mientras le daba vueltas al tema, la cuestión es que la ventaja que tiene al que guían a salir y el que sale porque se le derrumbó todo encima está claramente dicho en la misma frase, la guía.

Es así que pasado determinado tiempo el que fue guiado (o educado) probablemente tiene un manejo del lenguaje para expresar lo que ha conocido que lo hace agradable de escuchar, en cambio el otro puede hasta no tener ese mismo idioma.

¿A dónde quería llegar? A esto, a que el pensamiento crítico que en el imaginario se le atribuye al “estudioso”, muchas veces lo único que tiene que el otro no es voz y oídos que lo escuchen, oídos que tengan ganas de saber a qué se refiere, oídos que aún sin entender les resulta agradable escucharlo.

Me atrevo a decir sin embargo que muchas de las cosas que éstos que tienen voz sólo conocen virtualmente, los otros le han visto la cara y le han estrechado la mano, o han sufrido el palazo o el chichón contra la pared, pero cuando lo cuentan los oídos no están tan dispuestos, están molestos e incómodos, considerando además que esa voz les llegue y no quede tapada por otros ruidos.

He de decir que sé que es simplista el rico-estudioso versus pobre-sin estudios, y no es la intención obviamente establecer una etiqueta ni una implicación entre estas cosas, sino establecer el punto de cómo en aquellos que parece que no, se puede esconder un pensamiento crítico mucho más fuerte que en aquellos que, en apariencia, lo poseen en abundancia.

La función está como mejor no vayas.
Sigue estando.

lunes, 18 de julio de 2016

¿Me vas a decir que nunca hiciste caca?

Originalmente el título de esta entrada lo tenía guardado en el borrador de las ideas porque tras decírselo a alguien me dijeron "Es terrible nombre para una entrada de tu blog", así que acá está.

El tema de la caca es bastante simbólico porque representa en un montón de casos eso que todos tenemos/queremos/hacemos/decimos que todos sabemos que lo tenemos/queremos/hacemos/decimos pero sin embargo, por alguna razón que alguien algún día decidió inventar, es algo de lo que no se debe hablar y produce asco.

En cosas tan simples como no tener ganas de ir a algún lado, ¿por qué inventar todo un circo alrededor si se puede decir "che no tengo ganas"?. Ah claro, porque se te enojan. La pregunta es ¿por qué te enojás? ¿Me vas a decir que nunca quisiste no tener ganas de ir a algún lado? ¿Me vas a decir que nunca hiciste caca?

Todas aquellas construcciones sobre lo ideal y lo perfecto que uno parece ser hereje cuando hace evidente que no lo son, son otro ejemplo de lo mismo.

El amor perfecto y eterno para toda la vida en el que no hay fisura y cuando asoma alguna cual película de Hollywood aunque el mundo se oponga todo llega a su lugar y el amor gana porque era perfecto, eterno e ideal.

No vayas a contradecir con cualquier atisbo de realidad a esto porque se te enojarán o dirán que no has estado enamorado. Entonces la pregunta es ¿Me vas a decir que sos de fantasía y nunca sentiste esas fisuras reales? ¿Me vas a decir que nunca hiciste caca?

Respecto al uso de real en el párrafo anterior está inicialmente pensado como contraposición a ideal, pero también está claramente elegido porque considero que lo ideal no existe, si Ud. considera que sí, piénselo como lo primero, o no. Capaz que tiene ganas de hacer caca y ahí lo reflexiona.

Son millones los ejemplos de las cosas que a la gente le divierte barrer por debajo de la alfombra y que es hiper inútil considerando que todos sabemos que está ahí, pero también el tema de hacer caca es un ejemplo de esto.

Retuve muchísimas cosas de las pocas clases de psicología que tuve en mi vida, una de ellas fue "El asco se aprende". Fue una de las cosas que en principio rechacé, pero basta con recordarse a uno mismo (si tienen muy buena memoria) o mirar a cualquier bebé o nene chico para ver que no le tiene asco a nada. Y si se tiene la oportunidad de comparar o compararse con personas con crianzas diferentes, el temita del asco no es necesariamente compartido.

El punto es que si bien por un lado es necesario, obvio pero por las dudas lo digo, la higiene del baño y demáses relacionados. No termino de entender por qué sería tan tabú hablarlo o por qué te convertirías en un ser inmundo por hacerlo.

Y más allá de la mismísima caca, si ninguno de estos dos ejemplos que puse y no más porque me dió paja, no los compartís porque de repente sos de esa gente de la que hablo.

O sos de otro tipo de gente que no consideré.

O de un tipo mestizo entre todos los tipos de gente.

O pensás que no existen los tipos de gente (como yo en concepto, pero necesitaba el recurso para escaparme de aquello).

Seguramente alguna vez también, como yo recién, escribiste o hablaste de algo que a todos les importaba cuatro rabanitos y medio pepino.

 ¿Me vas a decir que nunca lo hiciste?

¿Me vas a decir que nunca hiciste caca?

La función está como mejor no vayas.
Y sí, hace caca.

martes, 28 de junio de 2016

Parciales, mi mente y yo.


Nunca estoy del todo segura si respecto a la evaluación creo que es necesaria en base a toda la educación que he recibido durante años o si efectivamente sale de mí.


Tengo serias dudas de que se me hubiera ocurrido, pero tampoco se me ocurre nada mejor y suena bastante natural.


Ratings, rankings, top ten, estrellas, calificaciones, mediciones, valores, todo eso que hace que el mundo sea medible a nuestro alrededor hasta con un simple si o no respecto a si lo aprobamos o si nos gusta.


Otra vez no sé si es natural del ser humano tender a hacer esas cosas o somos generaciones producto de la costumbre de manejarnos de esta manera y así es como quedamos.


Y una vez más me pregunto qué tan necesario o útil puede ser preguntármelo precisamente porque no sé de qué me serviría tener una respuesta para esto.


¿Es natural? Yay, somos seres que tienen que ordenar las cosas siempre de menor a mayor, de peor a mejor.


¿No es natural? Yay, en el afán de ordenarnos terminamos siendo unos locos que tienen que ordenar las cosas siempre de menor a mayor, de peor a mejor.

Es definitivo, no sé por qué pienso, ni si pienso, ni por qué dudo, ni si pensar y dudar es natural.


Solamente sé que me dijeron que es bueno y me parece que estoy de acuerdo, pero ¿lo será?


Y sobre todas las cosas, ¿será natural?


¿Que sea natural implica que sea bueno?


¿Qué es que sea natural?


¿Tenemos acceso a esta altura de ver eso si los registros que tenemos del pasado son nuestros?


¿Tenemos acceso a esta altura?


¿Tenemos acceso a esta estatura?


¿Tenemos acceso a este vértigo?


¿Tengo acceso a la vida?


¿Estoy viva o estoy muerta?


¿Si dudo es porque pienso y si pienso entonces existo?

Sí, esa es un robo a mano armada.



Yo que sé.



Sólo sé que no sé nada.

Cuando se arranca a robar no se puede parar.



La función está como mejor no vayas

Tiene parcial y su mente cada tanto cuando para la pelota

es más o menos así.

martes, 21 de junio de 2016

Impuesto a las ganancias.

Capaz es mucha filosofía para la hora que es, capaz es mucha filosofía para la vida que por momentos parece que es mejor no pensarla, pero no puedo dejar de insistir en que tanto la perfección como lo ideal no existen.

De todas maneras, como algunas grandes personas del mundo del pensamiento (?), para ser justa hago de cuenta que existe para ver qué pasa.

Lo más lejos que he llegado es a suponerla cuando nací como algo que estaba destinado a perder,  que tuve pero cuando quise acordar ya no estaba.

Algo que vino guardado en un bolsillo roto, que no establecí todavía cuál es la consistencia que tiene, pero sé que se me fue cayendo como arena entre los dedos.

Fue una pérdida que no hizo ruido, no dejó rastros.

Solamente supe que ella estuvo ahí cuando me percaté que había perdido todo.

Es decir, no solamente la perfección, muchas cosas más.

Es así que como ninguna de esas pérdidas resultó divertida intenté coser el bolsillo, varias veces lo intenté, pero basta con dejar de mirarlo para que se abra el agujero otra vez. Ni coserlo, ni pegarlo, ni arrancarlo de la rabia pude.

Toma demasiado tiempo aprender a vivir con él y entender que tiene una razón de ser y que todas las cosas que perdí por ahí, incluída la supuesta perfección, fueron para ganar cosas mucho más importantes.

Ganancias más importantes que me permiten ser hoy algo que no es lo mismo que cuando nací, que los años no me pasen sin dejarme nada, que me enseñaron a sobrevivir y a resistir.

Entonces así de rota como sé que estoy igual que ese bolsillo, así me gusta estar.

Y entonces, en definitiva, también aprendo a apreciar a la perfección como algo que es necesario tener para perder, conocer para olvidar, entender para comprender.

Para comprender que la meta es ser lo mejor que pueda salir, que efectivamente puede, como pueda en el tiempo que sea, para convertirte en una versión actualizada de uno mismo que es real.

Y así sacar a patadas a la infame perfección y a su amiga la idealización, para ser reales y construir vínculos reales.

Pero sería demasiado lindo si llegar a eso fuera demasiado fácil, así que capaz que todo eso que vamos dejando en el camino que no hubiéramos dejado si nos hubieran dado la chance, quizás sea como una especie de impuesto a las ganancias.

Y la verdad que mirando para atrás, lo re vale.

La función está como mejor no vayas.
Pero no está prohibido si todavía querés ir.

miércoles, 1 de junio de 2016

Los pobres.

A medida que he crecido (¿he crecido?) me he ido dando cuenta de varias cosas de las que estaba convencida internamente y que no sólo no tenían fundamento alguno sino que además estaban mal y me estaban siendo perjudiciales.

De la misma manera también encontré cosas que estaban bien y me hacían bien pero de lo bueno la gente no aprende, casi siempre.

De lo que tenía ganas de escribir hoy me llevó mucho tiempo entenderlo porque cuando algo está tan interiorizado y parece lógico superficialmente es hasta difícil visualizarlo.
Pero una vez que se puede identificar se puede ver que las hipótesis que sostenían esa lógica eran completamente falsas, desagradables y sobretodo no mías, de repente todo cobra un sentido y al tirarlo abajo cambiando las bases mentalmente pila de cosas cambian.

Yo soy una persona de pocos recuerdos o de recuerdos muy generales de cuando era muy chica, de recuerdos que son más que nada sensaciones. Eso combinado con que mis padres nunca me relataron con detalle mi infancia hace que no pueda contarlo como una película como hace pila de gente que recuerda o bien porque tiene terrible memoria o porque sus padres han tenido terrible ganas, tiempo y paciencia de contarles detalles.

De todas maneras esto no hace a mis recuerdos menos certeros porque en realidad alguna pregunta que hice alguna vez y las historias que escuché en mi casa nunca les fueron contradictorios y además algo tengo que confiar en mi cerebro.

Yendo a lo que importa en este momento sé que en mi familia siempre estuvimos mal en el plano económico, el patrimonio que nos salvó de haber caído peor fue la casa de mi padre que heredó de mi abuelo. Entonces aunque pila de veces nos quedáramos sin luz o sin agua, aunque hubiera que hacer maravillas para armar la comida por ejemplo, siempre teníamos un techo sobre el cual resguardarnos, que era nuestro.

Cuando pasó el 2002, yo tenía 11 años y no recuerdo haber notado un cambio en cómo vivimos, ya estábamos en el horno, supongo que ese fue el tema.

De esos años sí recuerdo haber visto cosas en algún informativo que no entendí del todo, asustarme sin haberlo entendido y calmarme al otro día al ver que “todo seguía igual”.

El análisis sobre nuestra situación económica es algo que empecé a hacer cuando fui más grande y mis compañeras de la escuela me invitaban a sus casas, porque fue viendo cómo vivían ellas y tratando de entender cómo me trataban que conocí el concepto de “pobre”.

Me acuerdo también cuando unos años después conocimos lo que era el Plan de Emergencia, más adelante el Plan de Equidad y bastante más adelante la tarjeta del Mides cosas que en ese momento entendí como algo parecido a la Asignación Familiar que conocía bastante bien porque era cuando recuerdo mamá nos compraba algo especial como un par de championes y porque cada 3 meses si no me falla la memoria pedía un certificado en el centro de estudio que estuviera para ese mismo beneficio. Es estúpido que tenga que aclararlo después de decir esto, pero sí, los adultos de mi casa trabajaban todos y nosotros estudiábamos todos. Recuerdo que hicimos algunos trabajos mínimos pero nunca dejamos de estudiar.

A partir de todo esto podría ahondar en un montón de temas pero en realidad no es el punto en este momento sino que a lo que quería llegar, de lo que estaba convencida y es de a lo que tenía derecho por ser pobre.

Por ser pobre no tenía derecho a tener gustos por ejemplo, la comida me tenía que encantar porque hambre tenía que tener y el hambre tenía que hacerme devorar un guiso de mondongo aunque no me gustara (se me ocurrió ese ejemplo pero el mondongo sí me gusta). Tampoco podía tener gustos con la ropa ni con nada que me alcanzara porque entonces sos “pobre y encima delicado”, lo que sus hijos despreciaban a un pobre le tenía que gustar, porque para eso es pobre, para ser receptor de lo que tirarían pero queda mejor dárselo a alguien.

De la misma forma no tenía derecho a querer cosas que no fueran comer y abrigarme. A partir de eso hay un sinfín de cosas que no tienen que ver con cosas básicas que a las personas les gusta, pero que si un pobre las quiere tener entonces tanta necesidad no tendrá porque sino estaría queriendo comprar comida o una frazada.

No estoy con esto queriendo decir que está bien derrochar por una cosa que no es necesaria y después pasarlo mal ni tampoco presentar una escala de prioridades en la que esté todo mal ordenado. 

El punto es simplemente uno: el derecho.

El juicio sobre una persona por tener el deseo de tener algo que le gustaría tener que no satisface ninguna necesidad básica.
Eso también nos separa de los animales, si el objetivo de nuestra vida es exclusivamente calmar necesidades básicas nos reducimos a ser animales.
Aparentemente la gente cuando hace esta clase de juicios quiere eso, que el pobre se ubique en su lugar de pobre y que no aspire ni pretenda a nada más.

Una persona pobre no puede aspirar a estar linda, a tener cosas relacionadas con algo que no tiene ningún provecho particular pero le gusta, como por ejemplo de una banda, de un músico, de una serie de televisión, de un juego, qué sé yo.

Aunque, si aspira y pretende a estudiar y trabajar sacrificadamente como puede con su esfuerzo sin ninguna ayuda de nadie entonces sí, porque por algo nació pobre y es lo que le toca. Si pretende estudiar y trabajar y está recibiendo una mano para poder hacerlo porque está en desventaja, entonces seguro está abusando, no puede ser que naciendo en una casa pobre no te venga un gen de supertodo que haga que tu cuerpo resista más y que aunque recibas desprecios y pila de cosas que te desmotivan tengas una voluntad irrompible que pueda con todo.

Es la lotería de la vida que te dejó justo ahí.

De la misma manera un pobre no puede querer tener una casa linda, nada en su casa puede pretender que sea a su gusto (no tiene gustos aparte ¿no?), porque solamente puede pretender una casa gris que no se llueva, y si se llueve un poco que no sea tan exquisito, que te resguarde del afuera, que tengas donde cocinar, ir al baño, dormir, pero ojo no seas exquisito, no quieras nada más que eso.

Yo no recuerdo claramente que alguien me haya dicho estas cosas directamente o que me las hayan querido enseñar pero se me ocurren situaciones donde eso estuvo siempre implícito, obvio, lógico y yo lo aprendí. Me dí cuenta mucho después que estaba convencida que no tenía derecho a eso y me comportaba en consecuencia, hasta que me dí cuenta que sí. Estaba tan dentro eso que yo misma podía mirar a otros y reproducir el juicio, yo que también estaba siendo perjudicada por eso.

Hay más derechos que se asume que un pobre no tiene y mientras más vulnerable es la situación, mientras más bravo, peor es.

Es completamente humillante reducir al otro a que sólo pueda pretender comer y abrigarse, que diga que le gusta algo y no pueda, que se convenza de que no puede gustarle algo internamente, para sobrevivir.

Insisto otra vez, por esto quiero decir me atajo otra vez, con que no quiero contradecir lo importante que son las necesidades básicas que tienen que estar satisfechas antes que nada y tampoco digo que a la gente haya que regalarle todo, de lo que yo hablo es de cómo se juzgan los deseos y las decisiones, como si el pobre por nacer en esa situación firmara con el llanto un contrato en el que asume que TODO EL MUNDO va a opinar sobre cada cosa que haga sin que pueda chistar.

La función está como mejor no vayas.

lunes, 30 de mayo de 2016

Ese mal necesario llamado mujer.

Viajando en ómnibus pienso en muchísimas cosas, haría más cosas porque esa hora y pico rendiría pero por cuestiones de comodidad y movimiento hay limitaciones.
Hace unas semanas entre todos los pensamientos que se me cruzan y tejo entre sí llegué a pensar en el concepto de la mujer promedio.
Específicamente en el concepto del carácter de la mujer promedio.
Me tomó poco tiempo completar un compilado mental de características de esta mujer promedio que vive en el imaginario de la gente.
Me tomó poco tiempo también darme cuenta que lo que para mí es un montón de suposiciones para pila de gente “es tal cual”.
Entonces inicié un primer y por ahora último ciclo de “Majo investiga” preguntándole a un grupo de gente sobre esa idea de mujer promedio.

Entre todo lo que me dijeron armé esto:

La mujer es quejosa, histérica, sentimental y criticona y no de frente sino en grupos y a las espaldas.
Quejosa, sentimental e histérica se unen en que ella hace escenas por cualquier pelotudez, todo le molesta.
Su mayor objetivo en la vida es tener novio porque el objetivo final es casarse/vivir en pareja y tener un hijo, lo único que la puede llenar.
Son muy inteligentes, posta, por eso son excelentes amas de casa y administran el tiempo de forma óptima entre los hijos y las cosas de la casa, tienen un gen para eso, NACIERON PARA ESO.
No tienen interés en el deporte como los hombres porque lo que tienen ganas es de salir a comprar compulsivamente e ir a la peluquería a hacerse algo y por supuesto seguir criticando.

En el ómnibus lo que recopilé en mi mente, que es bastante parecido a lo que me dijeron cuando pregunté, lo separé como algo del imaginario porque pienso que todo lo que tiene que ver con el carácter no es patrimonio ni de hombres ni de mujeres sino que hay personas que tienen tales características y otras que no, independientemente de sus genitales.

Entre la gente que leería eso y pensaría “es tal cual” hay un detalle y es que si uno pregunta lo suficiente conocen “excepciones”.
Pero cuando consideramos que las personas tienen un carácter compuesto por cosas que puedo sacar de una bolsa enorme y no distingue hombres de mujeres, entonces una persona no es una excepción sino que es alguien que es esto o no es aquello nada más.

O de repente se convierte en una excepción entre todas las personas, ponele.

La cuestión es que después de pensar en todo eso llegué a que esa mujer promedio que tiene todas esas cosas fue por la que antes sentía la necesidad de aclarar que yo no era así o asá como eran las otras, tenía que decirlo porque yo era distinta.

Lo importante es que después de eso me di cuenta que todas hacemos eso, vamos por la vida diferenciándonos de una mujer promedio imaginaria que es como una regla en la que nos tenemos que medir, que en realidad es una visión que nos viene dada desde afuera.

El tema es que con eso instalado ahí, con ese modelo de comportamiento de mujer promedio todas estamos diciendo que no somos una mujer que no existe.

No significa que no pueda haber mujeres exactamente así sino que también puede haber hombres exactamente así, puede haber gente exactamente así tanto hombres como mujeres.

Pero no es que de la fábrica salen todas las mujeres igualitas y nosotras justo salimos edición especial con un stock de un solo producto y por eso tenemos que estar aclarando que no salimos como las demás. No vaya a ser que alguien se confunda y piense que somos ese mal necesario llamado mujer.

La función está como mejor no vayas.

viernes, 15 de abril de 2016

El estilo no existe.

Paso mucho tiempo mirando a las personas y preguntándome por qué a muchas cosas.
Paso mucho tiempo mirándome a mí misma y preguntándome por qué a muchas cosas.
Diría que pierdo el tiempo pero preguntarse por qué no está mal siempre y cuando seamos capaces de reconocer aquellas cosas que no tienen una explicación.

Así es que me pasa con la relación que la gente tiene con su ropa. Particularmente cuando la gente habla de estilo, cuando se supone que la ropa implica personalidad o algo peor que se puede leer a veces de que estamos como obligados a decir algo con ella.

Yo demoré en entender ese asunto de elegir la ropa porque en mi infancia y adolescencia muy pocas veces se compró ropa, nos la regalaban.
 Podía entender, claro está, el concepto de que una prenda guste más que otra, pero no para darle tanta entidad al asunto.

Cuando lo pienso realmente lo que recuerdo es que para mí siempre tuvo un valor funcional.
Tiene que ser cómoda, ser abrigada en invierno y fresca en verano, cosas por el estilo.

Cuando fui más grande eso, como pila de otras cosas, tuvieron sentido.

La gente aparentemente quiere decir cosas con su ropa y no era como yo podía llegar a pensar. Por ejemplo el que coincide con el único mensaje que pretendo dar yo respecto a esto que es "esta ropa me gusta y está cómoda".

Respecto al tema del estilo de repente también vi que la gente lo asocia con la música que le gusta y hace lecturas sobre lo que a alguien le interesa en base a lo que tiene puesto.

También noté que hay personas que intencionalmente buscan formar parte de algo en particular y lo que se ponen es un medio para llegar a ese objetivo.

Hay un montón de cuestiones respecto a esto que todavía no entiendo, montones de puntos de vista que no conozco y montones de reglas imaginarias sobre cómo deben combinarse ciertas cosas.

Por otro lado entiendo pila de otras cosas que están fundadas en temas visuales y que aún sin ser un experto uno tiene ojos y teóricamente responden a armonías o cosas por el estilo.

Aunque aparte de ojos también tengo gustos así que capaz lo que para mis ojos es música visual para otro es una moto ruidosa.

La conclusión a la que he llegado en base a esto es que ese estilo no existe, porque hablamos de tela cortada y cosida, que es funcional a la necesidad de vestirnos.
Necesidad que es discutible si es natural o de construcción social, pero que también es otro asunto.

El punto es ese, esas reglas, deberes, obligaciones, derechos, leyes, constituciones (?) de cómo vestirse según qué, quién, cómo, dónde y cuál, no tienen un valor real.
Es más, a veces pienso que es una de esas preocupaciones que la gente se inventa para cuando todo lo realmente necesario está cubierto, no sé.

La función está como mejor no vayas.
Y anda cómoda.

jueves, 14 de abril de 2016

"No sé"

Hay una canción que escuché muchas veces sin saber quién la canta o cómo se llama.
La googleé recién con el pedazo que me sé y resulta que se llama "Con la gente que me gusta" y lo interpreta A Dos Velas.

Esa canción creo que casi cualquiera si no le suena el título la busca y se da cuenta que la conoce, como mínimo el estribillo.

Hoy me acordé de ella, el compositor tiró pila de cualidades que le gustan y que disfruta hacer con gente, la que le gusta.
Me puse a pensar en qué cosas me gustan a mí de la gente y entre todo lo que se me ocurrió encontré una característica que implica otro montón de cosas que son de mi agrado también.

Esa característica es saber decir "no sé".

A simple vista uno lo miraría y diría que todo el mundo sabe y, teóricamente sí, pero en realidad tras un pequeñito análisis a uno se le empiezan a ocurrir formas de "no saber" decirlo.
Entonces uno puede pensar en de qué cosas depende o de qué cosas es consecuencia.

Yo rescato para analizar esto algo que no sé si la primera vez que me llegó lo leí, lo escuché, me lo dijeron a mí, me contaron que alguien lo dijo o qué, pero que desde que cobró sentido para mí lo utilizo activamente.
Esto es que para saber qué tanto sabe alguien de un tema hay que preguntarle cuánto sabe o si sabe todo, si una persona cubrió determinado espacio de conocimiento que le permitió moverse y creyó haber conocido todo, esa es la que sabe poco porque la persona que sabe mucho tiene que haber llegado a ser consciente de lo mucho que queda por aprender.

Eso aplica a cualquier área y es la mejor parte.

Bah, es la mejor parte para mí.

También podría pensar, y no sería loco tampoco, que quien dice saber todo ha llegado a tener cierta conciencia de eso pero pretende quedarse mediocremente ahí y su ego no le está permitiendo admitir no tener interés de seguir tampoco.

Todo esto viene a cuento de que una de las cosas que yo creo que tiene que ver con saber decir "no sé" es la apertura que estamos teniendo para aprender más y la honestidad intelectual con nosotros y con los demás que nos permita marcar una raya para atravesar aprendiendo.

Claramente también hay una cuestión de ego que todos habremos visto ya y que probablemente sea en lo primero que pensemos de estas personas que no saben hacer esto.

Muchísimo más importante, ¿qué tienen las personas que sí lo saben decir?

Todo.
Bah, no todo, pero casi (?).

Lo que en realidad tienen es el aceite para mantener funcionando el engranaje de aprender, de avanzar , de transformarse permanentemente en algo mejor de lo que son admitiendo desconocer algo y abriéndose a que otro enseñe o a buscar esa respuesta.

Además de esa actitud se desprenden otro montón que son muy agradables para quienes comparten conversación con ellos y esa destrucción permanente y voluntaria de una imagen perfecta de sabiduría y seguridad además abre las puertas para que puedan reírse de sí mismos, de sus errores, de sus torpezas, de su imperfección que es completamente natural.

Son reales y lidian con su propia realidad, no con una careta pintada.
Y está buenazo.

La función está como mejor no vayas.
Pero no le hagas caso si no sabés cómo ir o a 
dónde ir, o bien preguntá o bien tanteá y seguro
marcha.