viernes, 27 de noviembre de 2015

Matemáticamente no tengo chance.

La probabilidad es algo que siempre me dió curiosidad, por lo detestable.
Te la presentan formalmente tirando un dado y algún que otro ejemplo pero llevás utilizándola toda tu vida.
Bah, vos no, vos crecés discutiendo por la excepción. Porque la tiene que haber. Porque no se tiene que poder predecir tan fácil cómo es la gente y lo que está por hacer.
Yo me enojaba con mis padres y con los adultos que escuchaba hablar, viendo situaciones y pensando mal, lo único que fui acumulando fueron pila de "tenés razón" mentales, algunos que llegué a pronunciar, otros que capaz caducaron.
No sé si estaría bueno aparecerme a decirle a alguien que tenía razón en 2005 cuando me dijo alguna cosa de la gente, que era cierta, pero que recibió como respuesta de mi parte un discurso sobre cómo la gente podía ser buena.
Yo pensaba que cuando predecían lo que iba a pasar en una situación era una cuestión de azar, que podía pasar algo bueno o algo malo, y que vos tenías igual oportunidad de esperar que pasara cualquiera de las dos.
Más tarde me di cuenta que de hecho había montón de cosas para mirar que ayudaban a saber para dónde podía ir una situación y que darte cuenta de que es muy probable que salga mal no es malo sino todo lo contrario. Te da ventaja contra el tiempo porque más tarde o más temprano de alguna forma se puede suavizar el golpe si ya no se puede evitar.
Muy probable, lo detestaba.
Un día me vi sentada diciéndole a una gurisa más chica algo como esto "No es que no exista la posibilidad de que no sea eso, es que es muy chiquita. Cuando pasa el tiempo ves las cosas repetirse tantas veces igual, que hacés un abuso de lenguaje y decís que es seguro que pase eso. Si resulta ser bueno al final te va a sorprender. No es que los padres sean amargos, es que vieron la misma película una y otra vez."
Ese día detesté más la probabilidad, yo quería crecer y comprobar que había más chance de que la gente fuera buena, volver y gritar "VISTE?", pero la vida tenía varios viste para tirarme en la cara.
Algunos por cosas hechas por otros y los más dolorosos provocados por mis propios errores.
Cuando me explicaron por primera vez la frase "matemáticamente tenemos chance" referida al fútbol, noté esa misma esperanza de agarrarse de la posibilidad por más rebuscada y mínima que pudiera ser.
Y como hago con casi todo lo que aprendo quise extrapolarlo, pero me di cuenta que no tengo la misma fé.
No puedo discutir contra una persona que me diga la alta probabilidad de que tal persona tenga malas intenciones, porque la cantidad de veces que vi lo contrario no me lo permiten.
Matemáticamente no tengo chance.
Matemáticamente no tengo más chance de tener fé.

La función está como mejor no vayas.

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