sábado, 8 de agosto de 2015

Panadero

Me crié correteando flores de diente de león a las que le decíamos panaderos.

La cosa era correr pila hasta agarrarlas, tenerlas suavemente en las manos para no romperlas, pedir tres deseos y soplarlas para que se fueran lejos.

Me crié viendo también a la gente pedir deseos soplando velitas de cumpleaños.

Después escuché de gente que le escribe sus deseos a globos y los larga al aire.

Qué bruto bolazo eso de soltar los deseos para que el aire te los conceda como por arte de magia.

Ah, porque lo de las estrellas fugaces es igual eh.

A los deseos hay que tenerlos cerquita, donde no te los puedas olvidar, así se puede caminar despacito en dirección a ellos.

Sin imaginaciones, idealizaciones ni fuerzas místicas que solucionan vidas.

El que tiene el poder de hacerlos realidad.

Y qué poder.

Es uno.

La función está como mejor no vayas.

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